Por el Dr. Elio M Rivera
Nacer en los tiempos de Jesucristo era entrar a un mundo duro, frágil e incierto. Hoy muchas personas nacen rodeadas de hospitales, incubadoras, antibióticos, ultrasonidos, vacunas y cuidados médicos avanzados. Pero en el siglo primero, cada embarazo y cada parto podían convertirse fácilmente en una lucha entre la vida y la muerte. La mortalidad infantil era alta, muchas mujeres morían durante el parto y las enfermedades podían arrebatar la vida de un niño en cuestión de días.
Por eso el nacimiento de un bebé era visto como una bendición profundamente sagrada. Cada niño representaba esperanza, continuidad familiar y misericordia de Dios sobre el hogar. En una época donde tantas vidas podían perderse tempranamente, los hijos eran considerados un regalo precioso del Señor.
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.” — Salmo 127:3 (RVR1960)

Las familias numerosas eran comunes. Los niños ayudaban en las labores del hogar, en los oficios familiares y en el sostenimiento futuro de los padres. Además, en un mundo sin sistemas modernos de protección social, los hijos representaban apoyo, seguridad y continuidad para la familia cuando los padres envejecieran.
Sin embargo, detrás de cada nacimiento también existía temor.
Las mujeres daban a luz prácticamente sin anestesia, sin cirugía moderna y sin acceso a atención médica avanzada. Los partos ocurrían generalmente en casa, rodeados por familiares o mujeres experimentadas de la comunidad. Si surgían complicaciones graves, había muy pocas posibilidades de salvar a la madre o al bebé.
Por eso el dolor del parto aparece constantemente mencionado en la Biblia como una realidad intensamente conocida por las mujeres.
“La mujer cuando da a luz, tiene dolor…” — Juan 16:21 (RVR1960)
Y desde Génesis, después de la caída del hombre, Dios dijo a Eva:
“Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos…” — Génesis 3:16 (RVR1960)
Aquellas palabras no eran simbólicas para las mujeres del mundo antiguo. El parto podía ser una experiencia aterradora.
Además, los recién nacidos eran extremadamente vulnerables. Las infecciones, la desnutrición, el agua contaminada, las enfermedades intestinales y múltiples padecimientos podían acabar rápidamente con la vida de un niño pequeño. Muchas familias probablemente habían experimentado la pérdida de bebés o niños pequeños en algún momento.
Por eso las madres cuidaban intensamente a sus hijos desde los primeros días de vida. Los bebés eran envueltos cuidadosamente en telas largas llamadas pañales o fajas, que ayudaban a mantener el cuerpo firme y protegido. El Evangelio menciona esto incluso en el nacimiento de Jesús:
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales…” — Lucas 2:7 (RVR1960)
Aquella escena revela algo profundamente humano y tierno: María cuidando al Hijo de Dios como cualquier madre judía de su tiempo habría cuidado a su bebé.
La lactancia materna era fundamental para la supervivencia infantil. En una época sin fórmulas modernas ni métodos seguros de alimentación artificial, la madre representaba literalmente la fuente de vida para el recién nacido. La Biblia menciona muchas veces la imagen de amamantar como símbolo de cuidado, protección y ternura.
“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?” — Isaías 49:15 (RVR1960)
Los niños pequeños crecían rodeados de un ambiente familiar muy unido. Varias generaciones podían convivir cerca unas de otras. La vida diaria se desarrollaba alrededor del hogar, los oficios y la comunidad. Desde muy temprano, los niños aprendían observando a sus padres trabajar, cocinar, orar y vivir.
La fe también comenzaba a enseñarse desde la infancia. Los padres tenían la responsabilidad espiritual de transmitir la Ley y las enseñanzas de Dios a sus hijos.
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos…” — Deuteronomio 6:6-7 (RVR1960)
Muchos niños crecían escuchando historias acerca de Abraham, Moisés, David y las promesas del Mesías. Desde pequeños aprendían oraciones y versículos importantes de memoria, especialmente el Shemá:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” — Deuteronomio 6:4 (RVR1960)
En ese contexto también creció Jesús.
Muchas veces olvidamos algo profundamente conmovedor: el Hijo de Dios entró al mundo como un bebé completamente vulnerable. Dependió de María para ser alimentado, protegido y cuidado. Necesitó dormir, crecer y aprender como cualquier niño humano.
Lucas describe algo hermoso acerca de Su infancia:
“Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría…” — Lucas 2:40 (RVR1960)
Jesucristo no apareció en la tierra como un adulto descendiendo del cielo. Entró a la humanidad desde el vientre de una madre. Vivió la fragilidad de la infancia humana. Fue cargado en brazos, alimentado, protegido y criado dentro de un hogar humilde.
Y aun Su nacimiento ocurrió en circunstancias difíciles.
María y José no encontraron lugar donde hospedarse y Jesús nació en un ambiente sencillo y pobre.
“Porque no había lugar para ellos en el mesón.” — Lucas 2:7 (RVR1960)
El Salvador del mundo entró a un mundo frágil desde la fragilidad misma.
Además, desde Sus primeros días enfrentó peligro. Herodes intentó matarlo siendo apenas un niño pequeño.
“Entonces Herodes… mandó matar a todos los niños menores de dos años…” — Mateo 2:16 (RVR1960)
José y María tuvieron que huir con Jesús hacia Egipto para proteger Su vida. Esto muestra cuán vulnerable podía ser la infancia en aquellos tiempos.
Comprender cómo era nacer en el siglo primero ayuda a mirar el nacimiento de Jesucristo con mayor profundidad. Él no vino a un mundo cómodo y seguro. Entró a una humanidad marcada por dolor, enfermedad, pobreza y fragilidad desde el primer momento de Su vida terrenal.
Y aun así, Dios decidió entrar así al mundo.
Como un niño pequeño.
Como un bebé dependiente.
Como alguien dispuesto a experimentar plenamente la condición humana para acercarse a nosotros con misericordia.
Disfruta un reel con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
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