
Así imagino la terraza de mi morada celestial: un lugar abierto, tranquilo y con una vista extraordinaria, donde podré sentarme simplemente a contemplar la belleza que Dios ha preparado. Es solo mi imaginación, pero me gusta soñar con ese rincón donde no habrá prisa ni preocupación, porque tendremos toda una eternidad para disfrutar de la casa de nuestro Padre.
Libro recomendado

