
Así imagino la terraza de mi morada celestial: un espacio para sentarme, contemplar y disfrutar sin ninguna prisa. Desde allí imagino una vista maravillosa de la ciudad, sus jardines y la belleza de la creación de Dios. Es solo mi imaginación, pero me gusta pensar que algún día podré estar allí, disfrutando de una vida donde el tiempo ya no será un problema y la eternidad apenas estará comenzando.
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