Los idiomas comunes
Palestina en tiempos de Jesús era una región donde convivían varios idiomas al mismo tiempo. Debido a las conquistas, el comercio, la influencia cultural griega y el dominio romano, muchas personas crecían escuchando diferentes lenguas en mercados, caminos, sinagogas y ciudades importantes.
Eso hacía que el mundo donde vivió Jesucristo fuera mucho más diverso de lo que muchas veces imaginamos.

El idioma más común entre la población judía era el arameo.
El arameo era la lengua cotidiana de la gente común. Era el idioma que se hablaba en las casas, en las calles, entre familiares, pescadores, campesinos y comerciantes. Muy probablemente fue el idioma principal que Jesús utilizó durante gran parte de Su vida y ministerio.
De hecho, los Evangelios conservan algunas expresiones originales en arameo pronunciadas por Jesús.
Por ejemplo:
“Talita cumi” — “Niña, a ti te digo, levántate” (Marcos 5:41).
“Efatá” — “Sé abierto” (Marcos 7:34).
Y una de las más conmovedoras:
“Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” — “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34).
Escuchar esas palabras preservadas en su idioma original hace que los Evangelios se sientan todavía más cercanos y reales.
Sin embargo, el arameo no era el único idioma presente en Palestina.
El hebreo también seguía teniendo una enorme importancia, especialmente en el ámbito religioso.
Las Escrituras del Antiguo Testamento eran leídas en hebreo dentro de las sinagogas y en el templo. Los maestros de la Ley, escribas y líderes religiosos estudiaban cuidadosamente ese idioma porque representaba la lengua sagrada de las Escrituras y de gran parte de la herencia espiritual de Israel.
Muchas personas probablemente entendían ciertas expresiones hebreas aunque hablaran principalmente arameo en la vida diaria.
Además, existía una fuerte influencia del idioma griego.
Después de las conquistas de Alejandro Magno, el griego se había extendido por gran parte del mundo antiguo y se convirtió en una especie de idioma internacional del comercio, la administración y la cultura. En ciudades importantes, mercados y regiones más influenciadas por el mundo helenista, era común escuchar griego.
Incluso el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en griego.
Eso permitió que el mensaje acerca de Jesucristo pudiera expandirse rápidamente hacia muchas regiones del Imperio romano.
El latín, por otro lado, era el idioma oficial de Roma y del ejército romano, aunque en Palestina no era tan hablado entre la población común como el arameo o el griego. Era más frecuente entre autoridades romanas, funcionarios militares y asuntos oficiales del imperio.
Todo esto hacía que Palestina fuera un lugar lleno de diversidad cultural y lingüística.
En una misma ciudad podían escucharse oraciones en hebreo, conversaciones familiares en arameo, comercio en griego y órdenes militares en latín. Los caminos de Palestina estaban llenos de viajeros provenientes de distintas regiones, cada uno trayendo consigo sus costumbres y su manera de hablar.
Y fue precisamente en medio de ese mundo diverso donde Jesús habló a la humanidad.
El Hijo de Dios no vino hablando desde la distancia ni utilizando un lenguaje reservado solo para élites intelectuales. Habló el idioma de la gente común. Utilizó ejemplos sencillos, historias cotidianas y palabras que pescadores, agricultores, mujeres, niños y ancianos podían entender.
Eso hace todavía más hermoso Su ministerio.
El Creador del universo decidió comunicarse con palabras humanas. El Verbo eterno habló en las lenguas de hombres sencillos. Aquel que conocía todos los idiomas del mundo aceptó crecer escuchando las voces humildes de una pequeña aldea de Galilea.
Y mediante esas palabras pronunciadas en caminos polvorientos, playas, montes y aldeas humildes… el mensaje de Cristo terminaría alcanzando al mundo entero.
