De. Elio M Rivera
A pocos kilómetros de Nazaret, Séforis contaba con un elemento extraordinario para una ciudad de Galilea: un teatro de tradición grecorromana.
Sus gradas, levantadas sobre la pendiente de una colina, permitían reunir a numerosos espectadores frente al escenario.
Era un mundo muy diferente del ambiente rural de Nazaret.
En los espectáculos de la antigüedad, los heraldos anunciaban acontecimientos y personajes ante el público. Las trompetas también se utilizaban en determinadas ceremonias para atraer la atención de las multitudes.
El sonido de una trompeta podía interrumpir las conversaciones.
Las miradas se dirigían hacia el lugar del anuncio.
El heraldo proclamaba lo que estaba por suceder.
Y los espectadores aguardaban la aparición de quienes ocuparían el centro de la representación.
En aquel mundo, llamar la atención del público era parte del espectáculo.
El teatro y las palabras de Jesús
Cuando Jesús comenzó a enseñar, utilizó una expresión sorprendente:
«Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres» (Mateo 6:2, RVR1960).
La imagen recuerda el ambiente de los anuncios públicos.
Una trompeta.
Un anuncio.
Una multitud que vuelve la mirada.
Y alguien que desea convertirse en el centro de atención.
Hay otro detalle interesante: la palabra griega hypokritēs, traducida como hipócrita, también designaba a los actores que interpretaban personajes.
Jesús reunió así dos imágenes que podían resultar familiares en el mundo grecorromano: el anuncio que atraía las miradas y el actor que representaba un papel delante de los espectadores.
Más adelante, en el mismo discurso, volvió a utilizar aquella palabra:
«Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres» (Mateo 6:5, RVR1960).
La escena podía recordar a un actor que escogía cuidadosamente el lugar donde todos pudieran verlo.
Las calles concurridas ofrecían espectadores.
Las plazas reunían personas.
Y las apariciones públicas permitían obtener reconocimiento.
¿Había observado Jesús aquel ambiente en Séforis?
Séforis era la ciudad cercana a Nazaret donde hoy encontramos los restos de un teatro grecorromano. No conocemos otro teatro comparable en las inmediaciones de Nazaret durante aquel período.
Si Jesús acudió a Séforis durante sus años como tekton, pudo entrar en contacto con un ambiente urbano donde los anuncios públicos, los heraldos y las representaciones teatrales formaban parte de la cultura conocida.
Es posible que escuchara expresiones relacionadas con los actores, que conociera las costumbres de los espectáculos o que observara cómo se atraía la atención de una multitud.
No tenemos constancia de que presenciara una función teatral, y tampoco podemos identificar la trompeta de Mateo 6:2 con una ceremonia específica de aquel teatro.
Pero la semejanza de las imágenes merece nuestra atención.
Un heraldo anunciaba públicamente la aparición de alguien. Un actor representaba un personaje. Y Jesús habló de hombres que convertían sus actos religiosos en una representación destinada a conseguir espectadores.
La relación resulta especialmente sugerente cuando recordamos que aquel lenguaje procedía de un hombre que había crecido y trabajado a pocos kilómetros de Séforis.
Quizá el ambiente de aquella ciudad formó parte de las experiencias que hicieron tan expresivas sus comparaciones.
No podemos demostrarlo.
Pero el teatro de Séforis nos permite contemplar un escenario histórico concreto en el que aquellas imágenes cobraban vida.
Y el verbo se hizo carne y habito entre nosotros (Juan 1: 14)
Y el verbo se hizo carne y uso cosas que aprendio en un mundo impio para ilustrar sus enseñanzas.
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