
Así imagino el jardín de mi morada celestial: lleno de vida, flores, árboles, agua y rincones donde disfrutar de la belleza de la creación de Dios. Es solamente mi imaginación, pero me gusta soñar con un jardín donde nunca habrá deterioro ni tristeza, y donde podré caminar tranquilamente, disfrutando de la eternidad en la casa de mi Padre.
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