
Imaginemos por un momento que podemos entrar a la ciudad del gran Rey y contemplar aquello que Jesucristo conocía antes de Belén. Esta escena es solamente imaginaria; la realidad seguramente supera todo lo que podemos representar. Cada paso dentro de esta ciudad nos recuerda la gloria que Cristo estuvo dispuesto a dejar para venir a habitar entre nosotros.
Libro recomendado

