¿Cómo serían los salones desde donde el gran Rey ejerce su autoridad? Solo podemos imaginarlos. Esta representación no pretende mostrarnos una realidad que la Biblia no describe, sino ayudarnos a contemplar la grandeza de Aquel que gobernaba con autoridad y gloria, y que un día decidió venir a nuestro mundo y tomar forma de siervo.

A diferencia de estos escenarios imaginarios, la presencia de los ángeles sí forma parte de lo que la Biblia revela acerca del cielo. Seres celestiales servían, adoraban y proclamaban la santidad de Dios. Antes de Belén, Jesucristo conocía aquella realidad de gloria y adoración; y fue de allí de donde decidió venir a nuestro mundo.

La Biblia nos habla de las bodas del Cordero y de una celebración que todavía está por venir (Apocalipsis 19:7–9). No sabemos cómo son sus preparativos en el cielo; esta escena es solamente imaginaria. Pero podemos contemplarla recordando una hermosa verdad: hay una celebración preparada, y llegará el día en que el Cordero recibirá a su esposa.

La Biblia presenta a Jesucristo rodeado de gloria, majestad y autoridad celestial. Esta escena es una representación imaginaria de aquella realidad que nuestras imágenes apenas pueden expresar. Contemplarlo en su trono nos ayuda a comprender mejor el contraste: Aquel que poseía gloria y autoridad estuvo dispuesto a humillarse y venir a vivir entre nosotros.

La Biblia habla de «la ciudad del gran Rey» (Salmo 48:2), pero no conocemos todos los detalles de aquella realidad celestial. Esta imagen es solamente una representación imaginaria. Por más hermosa que podamos crearla, seguramente queda muy por debajo de la gloria y belleza de la realidad que Jesucristo conocía antes de venir a nuestro mundo.

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Imaginemos por un momento que podemos entrar a la ciudad del gran Rey y contemplar aquello que Jesucristo conocía antes de Belén. Esta escena es solamente imaginaria; la realidad seguramente supera todo lo que podemos representar. Cada paso dentro de esta ciudad nos recuerda la gloria que Cristo estuvo dispuesto a dejar para venir a habitar entre nosotros.

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Imaginemos que caminamos por las calles de la ciudad del gran Rey, contemplando su belleza, su paz y su esplendor. Esta escena es solamente imaginaria, y seguramente la realidad es mucho más gloriosa de lo que podemos representar. Al recorrerla, recordamos que esta era la realidad celestial que Jesucristo conocía antes de venir a habitar entre nosotros.

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Imaginemos que dejamos las grandes calles y comenzamos a descubrir los rincones de la ciudad del gran Rey, lugares llenos de belleza que nuestras imágenes apenas pueden representar. Todo esto es imaginario, y seguramente la realidad es mucho más hermosa. Es un intento por acercarnos a aquella realidad celestial que Jesucristo conocía antes de Belén.

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Imaginemos los jardines y parques de la ciudad del gran Rey: lugares de extraordinaria belleza, paz y vida. Estas imágenes son solamente una representación de nuestra imaginación, porque seguramente la realidad es mucho más hermosa de lo que podemos concebir. Al contemplarlos, intentamos acercarnos un poco a la maravillosa realidad que Jesucristo conocía antes de venir a nuestro mundo.

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¿Cómo serían los lugares destinados a la alegría, la convivencia y el encuentro en la ciudad del gran Rey? Solo podemos imaginarlos. Esta representación artística intenta mostrarnos espacios llenos de belleza, armonía y gozo; pero seguramente la realidad es mucho más maravillosa de lo que podemos concebir. Era una realidad de la que Jesucristo formaba parte antes de venir a habitar entre nosotros.

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La Biblia nos habla de «un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios» (Salmo 46:4). Podemos imaginar sus aguas recorriendo aquella ciudad, llevando belleza, vida y alegría a su paso. Nuestra imagen es solamente una representación; la realidad seguramente supera todo lo que somos capaces de imaginar.

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Imaginemos una ciudad que nunca conoció el miedo, el robo, el asesinato, la violencia ni la injusticia; una ciudad donde nadie necesita cerrar una puerta por temor y donde la maldad no gobierna sus calles. Esta imagen intenta acercarnos a una realidad muy diferente a la nuestra: un lugar de paz, seguridad y armonía, la realidad celestial que Jesucristo conocía antes de venir a un mundo herido por el pecado.