09. Las constelaciones: cómo el ser humano organizó el cielo

Por el Dr. Elio M Rivera

  Durante miles de años, los seres humanos han levantado los ojos durante la noche y han intentado poner orden entre los innumerables puntos luminosos del firmamento.

  Unieron imaginariamente algunas estrellas.

  Vieron cazadores, animales, héroes, instrumentos y figuras.

  Así nacieron las constelaciones.

  Pero debemos comprender algo desde el principio:

  una constelación no significa necesariamente que sus estrellas estén físicamente juntas en el espacio.

El dibujo está en nuestra perspectiva

  Imagine varias lámparas colocadas a diferentes distancias en un campo oscuro.

  Una podría encontrarse a 10 metros, otra a 30 y otra a 100. Si las observamos desde cierto lugar, podrían parecer cercanas entre sí y podríamos unirlas mentalmente formando un triángulo.

  Pero las lámparas no forman realmente un grupo.

  Algo parecido sucede con muchas constelaciones.

  Desde la Tierra, ciertas estrellas parecen estar unas junto a otras porque las vemos proyectadas sobre el mismo cielo.

  Sin embargo, una puede encontrarse a decenas de años luz y otra a cientos o incluso miles.

  Nosotros vemos un dibujo de dos dimensiones; el universo posee profundidad.

Constelación y cúmulo estelar no son lo mismo

  Esta diferencia es fundamental.

  Un cúmulo estelar, como estudiamos anteriormente, es una verdadera agrupación física de estrellas relacionadas entre sí.

  Una constelación, en cambio, es principalmente una región del cielo definida desde nuestra perspectiva.

  De hecho, la astronomía moderna reconoce oficialmente 88 constelaciones, que dividen toda la esfera celeste en regiones con límites establecidos.

  Por eso actualmente una constelación es más que el dibujo tradicional de unas cuantas estrellas: es una zona específica del cielo.

La constelación de Orión

Orión: uno de los dibujos más fáciles de reconocer

  Probablemente una de las constelaciones más famosas sea Orión.

  Sus tres estrellas centrales forman el conocido Cinturón de Orión.

  Alrededor de ellas destacan estrellas como Betelgeuse, de tono rojizo, y Rigel, azul-blanca.

  Pero esas estrellas no están todas a la misma distancia.

  Betelgeuse está a cientos de años luz de nosotros y Rigel se encuentra todavía más lejos.

  Desde nuestra posición parecen formar parte de una misma figura.

  Si pudiéramos viajar grandes distancias por la galaxia y observarlas desde otra dirección, el dibujo de Orión cambiaría completamente.

La Osa Mayor y una pequeña confusión

  Otra figura muy conocida es la Osa Mayor. Dentro de ella encontramos siete estrellas brillantes que forman lo que muchos conocen como el Gran Carro.

  Aquí conviene aprender otra palabra. El Gran Carro no es por sí mismo una constelación oficial. Es un asterismo: una figura reconocible de estrellas que forma parte de una constelación mayor.

  Además, dos de sus estrellas son especialmente útiles. Una línea imaginaria trazada desde Merak hacia Dubhe apunta aproximadamente hacia Polaris, la Estrella Polar. Por esta razón, la Osa Mayor ha servido durante generaciones para orientarse en el cielo.

La Osa Menor y la Estrella Polar

  Polaris pertenece a la constelación de la Osa Menor.

  Para los habitantes del hemisferio norte posee una característica extraordinariamente útil: se encuentra muy cerca de la dirección del polo norte celeste.

  Mientras las demás estrellas parecen desplazarse alrededor del cielo durante la noche debido a la rotación terrestre, Polaris parece permanecer casi inmóvil.

  Por eso durante siglos fue una referencia extraordinaria para navegantes y viajeros.

  Encontrar Polaris era aproximadamente encontrar el norte.

Casiopea: una enorme W en el cielo

  En el hemisferio norte también podemos reconocer fácilmente Casiopea.

  Cinco de sus estrellas principales producen una figura parecida a una gran W o, dependiendo de su posición durante la noche, una M.

  Casiopea se encuentra aproximadamente al lado opuesto de Polaris respecto de la Osa Mayor, por lo que también puede ayudarnos a orientarnos cuando el Gran Carro no resulta fácil de observar.

La Cruz del Sur: una guía para el hemisferio sur

  El cielo cambia dependiendo del lugar de la Tierra desde donde observamos.

  En el hemisferio sur destaca la pequeña pero famosa constelación de Crux, conocida como la Cruz del Sur.

  Durante siglos ha servido como referencia para encontrar aproximadamente la dirección del sur celeste.

  Es tan importante culturalmente que aparece representada en las banderas de varios países, entre ellos Australia, Nueva Zelanda y Brasil.

Las constelaciones no son iguales para todas las culturas

  Aquí encontramos algo fascinante.

  Las estrellas estaban allí mucho antes de que nosotros les pusiéramos nombres.

  Diferentes civilizaciones observaron los mismos cielos, pero no siempre imaginaron las mismas figuras.

  Los griegos desarrollaron muchas de las figuras que posteriormente heredó la astronomía occidental.

  Pero otras culturas —árabes, chinas, egipcias, mesoamericanas y muchas más— organizaron e interpretaron el cielo de maneras diferentes.

  El cielo era el mismo.

  Los dibujos eran humanos.

Las estrellas se mueven y los dibujos también cambiarán (así se vería la constelación de orion dentro de millones de años)

  Existe todavía otra sorpresa.

  Las estrellas no están inmóviles.

  Cada una se desplaza por la galaxia.

  Sus movimientos son tan pequeños vistos desde nuestra enorme distancia que durante una vida humana las constelaciones parecen prácticamente iguales.

  Pero si pudiéramos observar el cielo durante períodos enormemente largos, las posiciones relativas cambiarían.

  Orión no conservaría eternamente su forma.

  La Osa Mayor tampoco.

  Las constelaciones son, por tanto, una especie de fotografía temporal de nuestro vecindario galáctico observada desde la Tierra.

Un mapa construido mirando hacia arriba

  Las constelaciones muestran algo hermoso acerca del ser humano.

  Mucho antes de disponer de computadoras, satélites o mapas digitales, nuestros antepasados miraron el cielo, reconocieron patrones y comenzaron a utilizar las estrellas para orientarse, navegar, identificar estaciones y transmitir historias de generación en generación.

  Hoy conocemos mucho mejor las enormes distancias que separan a aquellas estrellas.

  Sabemos que los dibujos son producto de nuestra perspectiva.

  Pero seguimos levantando los ojos y reconociendo las mismas figuras.

  Job menciona algunos grupos celestes conocidos desde la antigüedad:

“Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur.”

Job 9:9, RVR1960

  Las figuras que imaginamos son humanas.

  Pero las estrellas con las que trazamos esas figuras no lo son.

  Y cuando comprendemos las enormes distancias que realmente existen entre aquellos pequeños puntos luminosos, el cielo resulta todavía más extraordinario de lo que parece a simple vista.

Referencias científicas

Referencia bíblica

  • Job 9:9.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.