03. Galilea: La región donde Jesús pasó gran parte de su ministerio

Por: el Dr. Elio M. Rivera

        Cuando pensamos en la vida y el ministerio de Jesucristo, inevitablemente pensamos en Galilea. Aunque Jerusalén fue el escenario de su muerte y resurrección, fue en Galilea donde transcurrió gran parte de su vida pública. Allí enseñó a las multitudes, llamó a sus discípulos, realizó numerosos milagros y proclamó por primera vez el mensaje del Reino de Dios.

         Galilea se encontraba al norte de la Tierra Santa y ocupaba una extensión aproximada de cuatro mil kilómetros cuadrados. Era una región privilegiada por la naturaleza. A diferencia de las zonas áridas del sur, Galilea recibía abundantes lluvias durante gran parte del año, lo que favorecía una agricultura próspera. Sus colinas verdes, fértiles valles, manantiales y campos cultivados la convertían en una de las regiones más hermosas y productivas de Palestina.

         El corazón de la región era el Mar de Galilea, un lago de agua dulce de aproximadamente veintiún kilómetros de largo por trece de ancho. Sus aguas abastecían a las poblaciones cercanas y sostenían una importante industria pesquera. No es casualidad que varios de los discípulos de Jesús fueran pescadores. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan obtenían su sustento de estas aguas antes de ser llamados por el Maestro (Mateo 4:18-22).

         La fertilidad de Galilea también explica muchas de las ilustraciones utilizadas por Jesús en sus enseñanzas. Los campos de trigo, los sembradores, las cosechas, los viñedos, las higueras y las semillas formaban parte de la vida cotidiana de sus habitantes. Cuando Jesús hablaba de sembrar una semilla o de una abundante cosecha, estaba utilizando imágenes que sus oyentes podían observar diariamente a su alrededor.

        Galilea estaba formada por numerosas aldeas y ciudades. Entre ellas destacaban Nazaret, donde Jesús creció (Lucas 4:16); Caná, donde realizó el primero de sus milagros al convertir el agua en vino (Juan 2:1-11); Capernaúm, que llegó a convertirse en el centro principal de sus actividades ministeriales (Mateo 4:13); y Tiberíades, una de las ciudades más importantes de la región durante el siglo primero.

         La belleza natural de Galilea debió haber impresionado profundamente a quienes vivían allí. Desde muchas de sus colinas podía contemplarse el lago rodeado de montañas y fértiles llanuras. En primavera, gran parte de la región se cubría de vegetación y flores silvestres. Quizás fue este paisaje el que inspiró algunas de las palabras de Jesús cuando dijo: «Considerad los lirios del campo, cómo crecen» (Mateo 6:28).

         Además de su belleza y fertilidad, Galilea ocupaba una posición estratégica. Por ella pasaban importantes rutas comerciales que conectaban África, Asia y Europa. Mercaderes, soldados y viajeros transitaban constantemente por la región. Debido a esta mezcla de pueblos y culturas, siglos antes el profeta Isaías la llamó «Galilea de los gentiles» (Isaías 9:1). Más tarde, Mateo identificó el ministerio de Jesús en esta región como el cumplimiento de aquella profecía: «El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz» (Mateo 4:15-16).

         Aunque algunos habitantes de Judea miraban con cierto desprecio a los galileos, Dios escogió precisamente esta región para manifestar gran parte de la obra de su Hijo. Cuando Natanael escuchó que Jesús provenía de Nazaret preguntó: «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?» (Juan 1:46). Sin embargo, desde esta región aparentemente insignificante surgió el mensaje que transformaría la historia de la humanidad.

         La geografía de Galilea ayuda a comprender muchos relatos de los Evangelios. Las repentinas tormentas que se forman sobre el lago explican episodios como aquel en que Jesús calmó el mar embravecido (Marcos 4:35-41). Sus montes proporcionaron lugares ideales para la oración y la enseñanza. Sus aldeas permitieron que el mensaje del Reino llegara rápidamente a miles de personas.

         No resulta exagerado afirmar que Galilea fue el corazón del ministerio terrenal de Jesucristo. Allí llamó a sus discípulos, allí realizó muchos de sus milagros más conocidos, allí enseñó gran parte de sus parábolas y allí comenzó a revelar al mundo la llegada del Reino de Dios. Comprender la geografía de Galilea permite leer los Evangelios con una nueva perspectiva, pues transforma nombres y lugares en escenarios reales donde caminó el Salvador.

         Cuando estudiamos Galilea descubrimos que los Evangelios no ocurrieron en un mundo imaginario. Tuvieron lugar en una región real, fértil y hermosa, cuyos paisajes todavía permiten al lector moderno acercarse un poco más a la vida y al ministerio de Jesucristo.

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    Autor

    Elio Rivera

    El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.