12. El Estanque de Betesda: El lugar donde Jesús sanó a un paralítico y donde la arqueología confirmó un detalle sorprendente del Evangelio de Juan

Por el Dr. Elio M. Rivera

  Cuando visité el Estanque de Betesda en Jerusalén debo admitir que al principio me costó comprender exactamente lo que estaba observando. A diferencia de otros sitios arqueológicos más fáciles de interpretar, Betesda presenta una compleja superposición de estructuras pertenecientes a distintas épocas.

  El visitante observa ruinas, muros, depósitos de agua, restos de iglesias bizantinas y construcciones posteriores. Sin una explicación adecuada, resulta difícil imaginar cómo era el lugar en tiempos de Jesús.

  Sin embargo, detrás de estas ruinas se esconde una de las historias arqueológicas más interesantes de toda Jerusalén.

  La razón es sencilla.

  Durante muchos años algunos estudiosos llegaron a pensar que el Estanque de Betesda descrito en el Evangelio de Juan nunca había existido.

  Pero la arqueología terminó contando una historia diferente.

  El relato bíblico aparece en el capítulo cinco del Evangelio de Juan.

  Allí se nos dice:

  ”Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos” (Juan 5:2).

  Juan continúa relatando que numerosos enfermos acudían al lugar esperando recibir sanidad.

  Fue allí donde Jesús encontró a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

  Después de hablar con él, le dijo:

  ”Levántate, toma tu lecho, y anda” (Juan 5:8).

  Y el hombre fue sanado.

  La imagen muestra las impresionantes ruinas del Estanque de Betesda, uno de los sitios arqueológicos más importantes relacionados con el ministerio de Jesucristo. Se observan enormes muros de piedra, arcos antiguos y los profundos depósitos de agua que formaban parte del complejo original.

Durante siglos los cristianos aceptaron naturalmente la existencia del estanque.

  Sin embargo, en el siglo diecinueve surgieron dudas.

  Nadie sabía dónde se encontraba Betesda.

  Además, algunos críticos consideraban extraña la descripción de Juan acerca de un estanque con cinco pórticos.

  Llegaron incluso a sugerir que el evangelista había cometido un error o que el lugar era simbólico.

  La situación cambió radicalmente gracias a la arqueología.

  Las primeras investigaciones importantes comenzaron cerca de la Iglesia de Santa Ana, situada al norte del Monte del Templo.

  Durante el siglo diecinueve y principios del siglo veinte, arqueólogos franceses y otros investigadores comenzaron a excavar la zona.

  Poco a poco aparecieron enormes depósitos de agua pertenecientes a distintas etapas de la historia de Jerusalén.

  Lo que encontraron fue sorprendente.

  El complejo estaba formado por dos grandes estanques separados por un muro central.

  Esta disposición producía exactamente cinco áreas porticadas alrededor de los depósitos.

  Cuatro alrededor del perímetro y una quinta sobre el muro divisorio.

  De repente, la descripción aparentemente extraña del Evangelio de Juan cobraba perfecto sentido.

  El evangelista había descrito el lugar con notable precisión.

  Las excavaciones demostraron además que el origen del sistema era mucho más antiguo que el tiempo de Jesús.

  Los primeros depósitos probablemente fueron construidos durante el período del Primer Templo para almacenar agua destinada a la ciudad.

  Posteriormente fueron ampliados y modificados en distintas épocas.

  Durante el período helenístico y romano, el lugar adquirió una función adicional.

  Aquí es donde la historia se vuelve especialmente interesante.

  Los arqueólogos descubrieron evidencias de que el área fue utilizada como centro de curación asociado con prácticas religiosas.

  Después de la destrucción de Jerusalén en el año setenta después de Cristo, los romanos construyeron en el lugar un santuario dedicado al dios Asclepio.

  Asclepio era la principal divinidad de la medicina en el mundo grecorromano.

  Miles de personas acudían a sus templos buscando sanidad para sus enfermedades.

  Las excavaciones han revelado elementos arquitectónicos y restos relacionados con este culto.

  Durante mucho tiempo algunos investigadores pensaron que las tradiciones de sanidad asociadas a Betesda podrían haberse mezclado con las prácticas desarrolladas posteriormente en el santuario romano.

  Lo cierto es que el lugar ya tenía fama de estar relacionado con la salud y la curación.

  Y eso ayuda a comprender por qué tantos enfermos acudían allí en tiempos de Jesús.

  Siglos después, cuando el cristianismo se convirtió en la religión dominante del Imperio Romano, los creyentes construyeron una iglesia sobre el lugar para conmemorar el milagro relatado por Juan.

  Posteriormente llegaron las construcciones bizantinas, cruzadas y medievales que hoy forman parte del complejo arqueológico visible para los visitantes.

  Por esta razón, cuando uno visita Betesda observa restos pertenecientes a muchas épocas diferentes.

  No está viendo únicamente el estanque del siglo primero.

  Está contemplando más de dos mil años de historia acumulados en un mismo sitio.

  Quizá la contribución más importante de Betesda a la arqueología bíblica sea que confirmó uno de los detalles más específicos mencionados en el Evangelio de Juan.

  El estanque existió.

  Estaba situado cerca de la Puerta de las Ovejas.

  Y poseía una estructura arquitectónica que explica perfectamente la referencia a los cinco pórticos.

  Lo que durante un tiempo algunos consideraron un problema para el texto bíblico terminó convirtiéndose en una de sus confirmaciones arqueológicas más conocidas.

  Cuando observamos las ruinas actuales resulta difícil imaginar el movimiento constante de enfermos, peregrinos y habitantes de Jerusalén que acudían al lugar hace dos mil años.

  Pero precisamente allí, entre aquellos estanques y pórticos, Jesús se encontró con un hombre que llevaba casi cuatro décadas esperando una oportunidad para ser sanado.

  Y allí ocurrió uno de los milagros más conocidos del ministerio del Señor.

  Quizá por eso Betesda sigue siendo tan importante.

  No solamente porque la arqueología confirmó su existencia.

  Sino porque nos recuerda que detrás de las piedras y las excavaciones existieron personas reales, con sufrimientos reales y necesidades reales.

  Y en medio de aquel lugar dedicado durante siglos a la búsqueda de la sanidad, Jesús realizó una obra que todavía se recuerda dos mil años después.

  Más adelante dedicaremos un estudio especial a los milagros realizados en Jerusalén y a las fascinantes conexiones entre Betesda, el culto de sanidad del mundo romano y los descubrimientos arqueológicos realizados en esta zona de la ciudad.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.