6. Lavar los pies a los visitantes

Por el, Dr., Elio M Rivera

  Debido a los caminos polvorientos de Palestina y al uso de sandalias abiertas, lavar los pies era una práctica extremadamente común en tiempos de Jesús.

  Las personas caminaban largas distancias bajo el calor, sobre tierra, piedras y calles llenas de polvo. Después de horas de viaje, los pies terminaban secos, cansados y cubiertos de suciedad.

  Por esa razón, cuando un visitante llegaba a una casa, frecuentemente se le ofrecía agua para refrescarse y limpiarse los pies antes de entrar o participar de una comida.

  Normalmente aquella tarea era realizada por siervos o por personas de menor posición dentro del hogar, porque se consideraba una labor humilde.

  

Muchas veces el agua era colocada en un recipiente grande conocido como lebrillo.

  Un lebrillo era una especie de vasija o recipiente amplio, normalmente hecho de barro, piedra o metal, utilizado para contener agua destinada al lavado. En el contexto cotidiano, podía emplearse para distintas tareas domésticas, pero también para lavar los pies de los invitados.

  La escena probablemente incluía agua fresca, una toalla de lino y el sonido del agua cayendo sobre pies cansados después de caminar por los caminos de Galilea o Judea.

  Por eso resultó tan impactante lo que Jesús hizo durante la última cena.

“Se levantó de la cena… y comenzó a lavar los pies de los discípulos.”
Juan 13:4–5

  Aquello debió producir un silencio incómodo entre los discípulos.

  El Maestro, el Rabí, el hombre a quien habían visto calmar tormentas, expulsar demonios y levantar muertos, tomó voluntariamente la posición de un siervo.

  Cristo se inclinó delante de hombres imperfectos, cansados y llenos todavía de luchas internas.

  La escena se vuelve aún más impactante al recordar que entre aquellos pies también estaban los de Judas, quien ya había decidido traicionarlo.

  Aquello no solo reflejaba humildad. También mostraba el tipo de liderazgo que Jesús vino a establecer: uno basado en amor, servicio y entrega.

  En un mundo donde muchos buscaban poder, reconocimiento y superioridad, Cristo enseñó que la verdadera grandeza nace de servir a otros.

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.”
Juan 13:15

  Desde entonces, aquella escena quedó grabada como una de las imágenes más profundas del corazón de Jesucristo: el Rey que se arrodilló para lavar los pies de Sus discípulos.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.