Por el Dr. Elio M Rivera
Muchas personas imaginan que, cuando Jesucristo apareció en Israel sanando enfermos, liberando endemoniados, resucitando muertos y enseñando con autoridad divina, los líderes religiosos lo recibieron con gozo y reverencia. Pero ocurrió lo contrario. Gran parte de los grupos religiosos más influyentes de la época reaccionó contra Él con celos, odio, sospecha y dureza espiritual. Lo más impactante es que muchos de los que más se opusieron a Jesús no fueron los leprosos, los pecadores, las prostitutas o los quebrantados, sino hombres que se consideraban expertos en Dios.
Desde el inicio de Su ministerio, Jesús incomodó profundamente a los líderes religiosos. Las multitudes comenzaban a seguirlo, los enfermos eran sanados, los endemoniados eran liberados y el pueblo escuchaba Sus palabras con asombro. Algunos llegaron a decir: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46, RVR1960). Esa autoridad espiritual amenazaba el control que muchos líderes tenían sobre la gente, por eso comenzaron a vigilarlo, cuestionarlo y buscar alguna forma de desacreditarlo. La Biblia dice: “Y le acechaban los escribas y los fariseos” (Lucas 6:7, RVR1960).
Una de las acusaciones más graves que hicieron contra Cristo fue decir que Su poder venía del diablo. Cuando Jesús expulsaba demonios y liberaba personas atormentadas, algunos líderes religiosos dijeron: “Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios” (Lucas 11:15, RVR1960). Aquello era profundamente perverso, porque estaban viendo el poder de Dios traer libertad, sanidad y restauración, pero preferían llamarlo obra satánica antes que reconocer que Jesús venía del Padre.
También lo insultaron y trataron de desacreditar Su origen. En una discusión con Él dijeron: “Nosotros no somos nacidos de fornicación” (Juan 8:41, RVR1960). Esa frase parece una insinuación cruel contra el nacimiento de Jesús, como si intentaran manchar Su reputación delante del pueblo. No solo rechazaban Su mensaje; querían humillarlo públicamente. Más adelante llegaron a decirle: “¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?” (Juan 8:48, RVR1960). En aquella cultura, llamarlo samaritano y endemoniado era una forma brutal de desprecio religioso y social.

Pero la oposición no se quedó en palabras. Los líderes religiosos comenzaron a organizar planes para destruirlo. Después de que Jesús sanó en sábado y confrontó su dureza de corazón, la Escritura dice: “Y salidos los fariseos, tomaron consejo contra Jesús para destruirle” (Mateo 12:14, RVR1960). Marcos añade que incluso hicieron alianza con los herodianos, un grupo político con intereses distintos, pero unido a ellos por un enemigo común: “Tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle” (Marcos 3:6, RVR1960).
También intentaron atraparlo mediante preguntas públicas. Le preguntaban sobre impuestos, divorcio, autoridad, resurrección y mandamientos, no porque quisieran aprender, sino porque buscaban hacerlo caer delante del pueblo. Mateo dice: “Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra” (Mateo 22:15, RVR1960). Su intención no era encontrar la verdad, sino fabricar una acusación.
En varias ocasiones intentaron matarlo directamente. Después de una enseñanza en Nazaret, la gente se llenó de ira y “le llevaron hasta la cumbre del monte… para despeñarle” (Lucas 4:29, RVR1960). En otra ocasión, cuando Jesús afirmó verdades profundas acerca de Su identidad, “tomaron piedras para arrojárselas” (Juan 8:59, RVR1960). Más adelante, nuevamente “los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle” (Juan 10:31, RVR1960). El odio contra Él fue creciendo hasta convertirse en una decisión abierta de muerte.
¿Por qué tanto odio? Porque Jesús no solo hacía milagros; también exponía lo que había escondido en el corazón de muchos líderes. Les dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (Mateo 23:13, RVR1960), y también los comparó con “sepulcros blanqueados” que por fuera se veían hermosos, pero por dentro estaban llenos de muerte e inmundicia (Mateo 23:27, RVR1960). Cristo estaba revelando que mucha de aquella religión era apariencia, orgullo, control y corrupción espiritual.
Cuando Jesús resucitó a Lázaro, la situación se volvió todavía más peligrosa para ellos, porque muchas personas comenzaron a creer en Él. Entonces los líderes religiosos dijeron: “Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (Juan 11:48, RVR1960). Esa frase revela que no estaban buscando sinceramente la verdad. Estaban preocupados por perder poder, influencia y control sobre el pueblo.
Finalmente, organizaron Su arresto, buscaron falsos testigos y lo entregaron para que muriera. La Escritura dice: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26:59, RVR1960). Después lo humillaron brutalmente: “Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos” (Mateo 26:67, RVR1960). El mismo Jesús que había tocado leprosos, sanado ciegos y consolado quebrantados fue escupido por hombres religiosos.
La oposición de estos grupos contra Cristo revela una verdad profundamente seria: una persona puede estar rodeada de religión, conocer Escrituras, ocupar posiciones espirituales y aun así endurecer tanto el corazón que termine luchando contra Dios mismo. Jesús no fue rechazado porque hizo maldad. Fue rechazado porque Su luz expuso las tinieblas escondidas en muchos corazones. Como dice la Escritura: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19, RVR1960).
Y aun así, en medio de insultos, campañas, conspiraciones, golpes y falsas acusaciones, Jesucristo siguió mostrando misericordia. Mientras lo clavaban en la cruz, dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34, RVR1960). Ni el odio religioso, ni las piedras, ni los falsos testigos, ni la cruz pudieron detener el propósito de Dios. El Mesías fue rechazado, insultado y crucificado, pero al tercer día resucitó victorioso.
Disfrute música cristiana con propósito
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Conozca el museo la vida y obra de Jesucristo
