Por el Dr. Elio M. Rivera
Entre todos los lugares relacionados con las últimas horas de la vida de Jesucristo, pocos poseen una historia tan antigua y tan bien documentada como Getsemaní. Situado al pie del Monte de los Olivos, frente a Jerusalén, este lugar ha sido venerado por los cristianos desde los primeros siglos como el escenario de la agonía de Jesús antes de su arresto.
Los Evangelios describen claramente lo ocurrido allí.
”Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro” (Mateo 26:36).
Fue en este huerto donde Jesús pasó algunas de las horas más intensas de toda su vida terrenal.
Fue allí donde oró.
Fue allí donde sus discípulos se durmieron.
Fue allí donde Judas llegó para entregarlo.
Y fue allí donde comenzó el camino que lo conduciría a la cruz.

Olivos con más de dos mil años de antigüedad que se encuentran ubicados en lo que un día fue el huerto del Getsemani
La palabra Getsemaní proviene del hebreo y significa “prensa de aceite”.
El nombre resulta significativo porque la ladera occidental del Monte de los Olivos estaba cubierta de olivos desde tiempos antiguos. El aceite de oliva era uno de los productos más importantes de la región y numerosas prensas funcionaban en los alrededores.
Por esta razón, los estudiosos consideran que Getsemaní era originalmente una propiedad agrícola o un huerto de olivos situado fuera de las murallas de Jerusalén.
A diferencia de otros lugares de Tierra Santa cuya ubicación se perdió durante siglos, la memoria de Getsemaní fue conservada desde una época muy temprana.

Iglesia de las naciones, ubicada en lo que un día fue le huerto de Getsemaní
Uno de los primeros testimonios proviene del historiador cristiano Eusebio de Cesarea, quien vivió durante los siglos tercero y cuarto. Eusebio menciona que los cristianos de su tiempo conocían el lugar asociado con la oración de Jesús en el Monte de los Olivos.
Poco después, otro importante testigo confirmó esta tradición.
La peregrina Egeria visitó Jerusalén hacia el año trescientos ochenta y describió las celebraciones cristianas que se realizaban precisamente en el lugar identificado como Getsemaní.
Esto significa que menos de tres siglos después de los acontecimientos de los Evangelios, los creyentes ya conservaban una tradición específica acerca de la ubicación del huerto.
La primera gran construcción sobre el lugar apareció durante el período bizantino.
En el siglo cuarto, los cristianos levantaron una iglesia para conmemorar la oración de Jesús.
Sin embargo, la historia de Jerusalén estuvo marcada por invasiones, guerras y destrucciones.
La iglesia bizantina sufrió daños importantes y eventualmente desapareció.
Durante la época de las Cruzadas se edificó un nuevo santuario sobre el sitio.
Los cruzados consideraban Getsemaní uno de los lugares más sagrados de Tierra Santa.
Pero aquella construcción tampoco sobrevivió para siempre.
Con el paso de los siglos gran parte de las estructuras quedaron en ruinas.
La historia moderna del lugar comenzó a finales del siglo diecinueve.
Los franciscanos adquirieron terrenos en la zona y promovieron diversas investigaciones arqueológicas.
Entre mil novecientos nueve y mil novecientos veinte se realizaron excavaciones importantes que revelaron restos de la antigua iglesia bizantina.
Los arqueólogos descubrieron mosaicos, muros y elementos arquitectónicos pertenecientes a los primeros santuarios cristianos construidos sobre el lugar.
Aquellos hallazgos confirmaron que la veneración de Getsemaní se remontaba a los primeros siglos del cristianismo.
Poco después comenzó la construcción de la actual Iglesia de Todas las Naciones, también conocida como la Basílica de la Agonía.
El edificio fue diseñado por el arquitecto italiano Antonio Barluzzi y terminado en mil novecientos veinticuatro.

Piedra donde la tradición dice que Jesucristo oro mientras sufría su agonía en el huerto de Getesemaní
Sin embargo, la característica más importante del santuario no es la iglesia misma.
Es una roca.
Delante del altar principal se conserva una gran roca natural que la tradición identifica con el lugar donde Jesús oró aquella noche.
Millones de peregrinos han contemplado esta piedra a lo largo de los años.
La tradición del lugar es extraordinariamente antigua.
Y las excavaciones demuestran que los cristianos veneraban este sitio siglos antes de la construcción de los edificios actuales.
Otro aspecto fascinante de Getsemaní son sus olivos.
Algunos de los árboles que pueden verse actualmente tienen varios milenios de antigüedad.
Estudios científicos realizados sobre ellos han mostrado que muchos proceden de raíces extremadamente antiguas.
Aunque los troncos visibles hoy no son los mismos del tiempo de Jesús, existe la posibilidad de que algunos desciendan de olivos que crecían en este mismo lugar durante la época de Cristo.
Quizá la razón por la que Getsemaní resulta tan especial es que combina de manera extraordinaria la historia, la arqueología y el relato bíblico.
La ubicación encaja perfectamente con la descripción de los Evangelios.
Se encuentra al pie del Monte de los Olivos.
Está fuera de las antiguas murallas de Jerusalén.
Era una zona de huertos y olivares durante el siglo primero.
Y la tradición cristiana ha identificado este lugar de manera continua desde los primeros siglos.
Por esa razón, Getsemaní es considerado por muchos historiadores uno de los sitios de Tierra Santa cuya identificación histórica posee un respaldo particularmente sólido.
Cuando uno visita el lugar comprende por qué ha sido preservado durante casi dos mil años.
No fue aquí donde Jesús realizó un milagro.
No fue aquí donde predicó a las multitudes.
Fue aquí donde decidió obedecer hasta el final.
Y precisamente por eso Getsemaní ocupa un lugar tan importante en la historia cristiana.
Las excavaciones han revelado iglesias antiguas.
Los arqueólogos han descubierto vestigios de los primeros peregrinos.
La historia ha preservado su memoria.
Pero el verdadero significado de Getsemaní sigue siendo el mismo que hace dos mil años.
Fue el lugar donde comenzó la última noche de libertad de Jesucristo antes de la cruz.
Y donde el Salvador pronunció una de las oraciones más conmovedoras registradas en toda la Escritura.
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