
La Biblia presenta a Jesucristo rodeado de gloria, majestad y autoridad celestial. Esta escena es una representación imaginaria de aquella realidad que nuestras imágenes apenas pueden expresar. Contemplarlo en su trono nos ayuda a comprender mejor el contraste: Aquel que poseía gloria y autoridad estuvo dispuesto a humillarse y venir a vivir entre nosotros.
