
Así imagino mi habitación en la morada celestial: un espacio de paz, belleza y tranquilidad, un lugar verdaderamente mío dentro de la casa de mi Padre. Sé que es solamente mi imaginación y que la realidad seguramente superará todo lo que pueda soñar, pero me gusta imaginar ese rincón eterno que Jesús prometió preparar para nosotros.
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