4. Jesús de Nazaret: Lo que dijeron sus discípulos de Él

Por el Dr. Elio M Rivera

    Cuando las personas hablan acerca de Jesús de Nazaret, muchas veces olvidan algo extremadamente importante: los evangelios son, en esencia, las biografías más antiguas que poseemos acerca de su vida.

    No fueron escritos por enemigos lejanos ni por historiadores que jamás lo conocieron. Fueron escritos por hombres que caminaron con Él, comieron con Él, viajaron con Él y afirmaron haber visto cosas que transformaron completamente sus vidas.

    Al menos dos de sus autores, Mateo y Juan, no hablaron de Jesús después de verlo unos minutos o escuchar un discurso aislado. Vivieron con Él durante aproximadamente tres años.

    Viajaron junto a Él. Comieron con Él. Caminaron kilómetros enteros bajo el sol. Lo observaron cuando estaba cansado, cuando tenía hambre, cuando era presionado por las multitudes y cuando enfrentaba momentos de enorme tensión.

    Y eso cambia completamente el panorama. Porque cuando una persona viaja extensamente con otra, tarde o temprano deja de esconderse. Las máscaras comienzan a caer. El carácter real sale a la luz.

    De hecho, si alguien realmente quiere conocer a una persona, quizá una de las mejores maneras sería viajar durante meses con ella o verla enfrentar problemas serios, presión intensa y situaciones límite. Es allí donde normalmente descubrimos quién es realmente alguien.

    Y eso fue exactamente lo que Mateo y Juan hicieron con Jesús. Lo vieron agotado físicamente, pero nunca corrupto moralmente. Lo vieron rodeado de odio, pero responder con una autoridad y una serenidad fuera de lo común.

    Lo vieron llorar frente al sufrimiento humano, pero también hablar como alguien que afirmaba haber venido del cielo. Lo vieron enfrentar hambre, cansancio, traición, rechazo y persecución. Y aun así, mientras más cerca estuvieron de Él, más radicales fueron las conclusiones a las que llegaron.

    Eso es impresionante. Porque normalmente mientras más conocemos a las personas, más descubrimos sus contradicciones, debilidades y oscuridades. Pero en el caso de Jesús ocurrió exactamente lo contrario.

    Mientras más convivían con Él, más convencidos quedaban de que había algo absolutamente único en su persona. Por eso los adjetivos y títulos que utilizaron para describirlo son tan extraordinarios.

    Lo llamaron el Verbo de Dios, la Luz del mundo, el Cordero de Dios, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Mesías, el Santo de Dios, el Rey de Israel, la Resurrección y la Vida.

    Y lo que estos hombres dijeron acerca de Jesús es simplemente impresionante. Porque ningún biógrafo antiguo habló jamás de otra persona de la manera en que ellos hablaron de Jesús.

    Imagine entrevistar a un hombre anciano llamado Juan. Sus manos tiemblan por los años. Sus ojos han visto persecuciones, muertes y el derramamiento de sangre de muchos de sus amigos. Roma lo considera peligroso. El mundo lo mira como un anciano más del Medio Oriente.

    Pero entonces usted le pregunta: “Juan… después de todo lo que viviste… ¿quién era realmente Jesús?”

    Y Juan responde:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
— Juan 1:1

    Juan no dijo simplemente que Jesús era un buen maestro. Dijo que existía desde el principio y que era Dios.

    Después agrega:

“Y aquel Verbo fue hecho carne…”
— Juan 1:14

    Juan estaba afirmando que Dios había caminado entre los hombres. Y no se detuvo allí.

    Juan dijo que Jesús era la luz verdadera del mundo:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre…”
— Juan 1:9

    Dijo que Jesús tenía poder para dar vida eterna:

“Y yo les doy vida eterna…”
— Juan 10:28

    Y terminó escribiendo algo que todavía hoy resulta estremecedor:

“Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios…”
— Juan 20:31

    Ahora imagine otra escena. Está sentado frente a Mateo, un antiguo cobrador de impuestos despreciado por su propio pueblo. Un hombre acostumbrado a los números, los registros y la administración romana.

    Y usted le pregunta: “Mateo… después de conocer a Jesús… ¿qué conclusión sacaste acerca de Él?”

    Y Mateo responde diciendo que Jesús era el cumplimiento de antiguas profecías judías.

“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo…”
— Mateo 1:23

    Mateo dijo que Jesús era “Dios con nosotros”. También escribió que Jesús tenía autoridad sobre las enfermedades, sobre los demonios y aun sobre el pecado.

    Mateo dijo que los sabios de Oriente viajaron enormes distancias solamente para adorarlo:

“Y postrándose, lo adoraron…”
— Mateo 2:11

    Afirmó que Jesús podía perdonar pecados:

“Tus pecados te son perdonados.”
— Mateo 9:2

    Y registró algo todavía más impresionante: Jesús aceptó adoración, algo que un judío piadoso jamás debía aceptar si no provenía realmente de Dios.

“Los que estaban en la barca vinieron y le adoraron…”
— Mateo 14:33

    Ahora imagine entrevistar a Marcos. La tradición antigua afirma que escribió basado en el testimonio de Pedro.

    Pedro, el pescador impulsivo. El hombre que negó a Jesús por miedo… y después estuvo dispuesto a morir por Él.

    Y Marcos comienza su evangelio diciendo algo directo y explosivo:

“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.”
— Marcos 1:1

    No hay introducción lenta. No hay neutralidad. Desde la primera línea afirma que Jesús era el Hijo de Dios.

    Después describe cómo los demonios reconocían quién era Jesús:

“Tú eres el Hijo de Dios.”
— Marcos 3:11

    Relata que Jesús calmó el mar con una orden, dejando aterrorizados incluso a sus discípulos:

“¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?”
— Marcos 4:41

    Y finalmente registra la confesión de un centurión romano al pie de la cruz:

“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”
— Marcos 15:39

    Todo esto resulta todavía más impresionante cuando entendemos algo importante: los evangelios no fueron escritos para producir fama ni riqueza.

    Estos hombres no se hicieron ricos escribiendo acerca de Jesús. No fundaron imperios económicos. No recibieron aplausos de Roma. No fueron celebridades admiradas por el sistema.

    Por el contrario, sus escritos los convirtieron en perseguidos, rechazados y peligrosos para las autoridades. Muchos terminaron encarcelados, golpeados, exiliados, torturados, y varios murieron de maneras espantosas.

    Entonces surge una pregunta profundamente incómoda: ¿qué vieron en Jesús para hablar así de Él?

    Porque nadie arriesga todo por algo que sabe que es falso. Y estos hombres no describieron simplemente a un líder religioso admirable. Hablaron de Jesús como alguien sobrenatural, eterno, digno de adoración y capaz de cambiar el destino eterno del ser humano.

    Eso era demasiado radical para el siglo primero. Especialmente dentro de una cultura judía estrictamente monoteísta, donde llamar divino a un hombre podía costarte la vida.

    Y aun así, jamás retrocedieron.

    Tal vez la pregunta no es solamente quién decía Jesús ser. Tal vez la pregunta más inquietante es esta: ¿qué vieron sus discípulos para quedar tan convencidos de que Jesús era mucho más que un hombre?

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.