
Así imagino el salón de adoración de mi morada celestial: un lugar dedicado a cantar, tocar música y expresar mi gratitud a Dios por toda la eternidad. Es solamente mi imaginación, pero me gusta soñar con un espacio donde podré adorar sin cansancio, sin distracciones y sin que el tiempo nos obligue a terminar. Un lugar para disfrutar de la presencia de Aquel que hizo posible que finalmente estemos en casa.
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