
Así imagino el comedor de mi morada celestial: una gran mesa rodeada de personas queridas, conversaciones, risas y momentos que nunca tendremos que apresurar. Es solamente mi imaginación, pero la Biblia sí utiliza la imagen de sentarnos a la mesa en el Reino de Dios. Me gusta soñar que allí compartiremos sin despedidas, porque tendremos toda una eternidad para estar juntos.
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