3. Asiria: El imperio del terror

Por el Dr. Elio M Rivera

  Hasta este punto, Nínive podría parecernos una de las ciudades más extraordinarias que jamás hayan existido. Sus palacios deslumbraban a los visitantes. Sus murallas inspiraban seguridad. Sus ingenieros realizaban obras que parecían imposibles para la época. Sus bibliotecas preservaban el conocimiento del mundo antiguo.

  Pero esa era solo una cara de la ciudad.

  La otra era mucho más oscura.

  Bajo la belleza de sus jardines se escondía uno de los imperios más violentos que ha conocido la humanidad.

  Durante siglos, el nombre de Asiria fue sinónimo de miedo. Cuando los vigías de una ciudad divisaban en el horizonte las banderas asirias, el pánico se apoderaba de la población. Muchos sabían que la batalla no solo decidiría quién gobernaría la ciudad, sino también el destino de miles de hombres, mujeres y niños.

  Lo más sorprendente es que esto no proviene únicamente de la Biblia.

  Los propios reyes asirios lo dejaron escrito.

  Mientras la mayoría de las civilizaciones procuraban presentar una imagen honorable de sí mismas, los monarcas de Asiria presumían públicamente su brutalidad. Mandaban grabar en piedra sus campañas militares y describían con orgullo los castigos que imponían a quienes se rebelaban contra ellos.

  Hoy, muchos de esos relieves pueden contemplarse en el Museo Británico y en otros importantes museos del mundo.

  No son dibujos realizados siglos después.

  Son los registros oficiales del propio imperio.

  En ellos aparecen ciudades incendiadas, largas filas de prisioneros encadenados, deportaciones masivas y escenas de extrema violencia que los reyes consideraban dignas de inmortalizar.

  Senaquerib, uno de los monarcas más poderosos de Asiria, describió con orgullo la conquista de Laquis, una de las ciudades fortificadas de Judá. Sus relieves muestran enormes máquinas de asedio avanzando contra las murallas mientras los defensores intentan resistir desesperadamente. Después de la victoria aparecen prisioneros siendo conducidos al exilio, familias enteras abandonando sus hogares y montañas de botín acumuladas ante el rey.

  Aquellos relieves constituyen uno de los documentos arqueológicos más impresionantes relacionados con la historia bíblica.

  Pero otros reyes fueron todavía más explícitos.

  Asurnasirpal II escribió acerca de sus enemigos:

“Levanté una columna frente a la puerta de la ciudad. Desollé a todos los principales que se habían rebelado y cubrí la columna con sus pieles.”

  En otra de sus inscripciones afirma:

“A algunos los emparedé dentro de la columna; a otros los empalé sobre estacas; a muchos los desollé.”

  Estas frases no proceden de un enemigo de Asiria.

  Son las propias palabras del rey.

  Otro monarca, Asurbanipal, describe cómo sometía a las naciones rebeldes, cómo destruía ciudades enteras y cómo llevaba cautivos a miles de personas para incorporarlas a diferentes regiones del imperio.

  La estrategia era sencilla.

  Si una ciudad se rebelaba, debía convertirse en un ejemplo para todas las demás.

  El terror era un arma política.

  Mientras más aterradora fuera la reputación de Asiria, menos pueblos se atreverían a desafiar su autoridad.

  Y funcionó.

  Durante generaciones, el imperio creció conquistando una nación tras otra.

  Desde Egipto hasta Persia, desde las montañas de Anatolia hasta el golfo Pérsico, los reyes asirios extendieron su dominio sobre millones de personas.

  Ninguna potencia parecía capaz de detenerlos.

Disfrute Música con propósito:

Descubra el museo la vida y obra de Jesucristo:

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.