Por el Dr. Elio M Rivera
En los tiempos bíblicos, el aceite tenía un valor mucho más profundo que el simple uso doméstico o alimenticio. Era considerado un símbolo de honra, alegría, sanidad, consagración y presencia de Dios. El aceite de oliva formaba parte esencial de la vida diaria en Israel: se utilizaba para cocinar, encender lámparas, aliviar heridas, perfumar el cuerpo y participar en ceremonias sagradas.
Debido al clima seco, al polvo constante de los caminos y al intenso calor de Palestina, ungir el cuerpo con aceite también producía alivio y frescura. El aceite perfumado ayudaba a hidratar la piel reseca y servía como una expresión de cuidado y honra hacia una persona.
Por eso, cuando alguien importante era recibido en una casa, el anfitrión podía ungir su cabeza con aceite aromático como señal de respeto y bienvenida.
La Escritura menciona esta costumbre en los Salmos:
“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.”
— Salmos 23:5
Aquella imagen representaba abundancia, cuidado y honra delante de Dios.
Pero el aceite también tenía un profundo significado espiritual. En Israel, los reyes, sacerdotes y en ocasiones los profetas eran ungidos con aceite para representar que habían sido apartados para una misión especial dada por Dios.
Cuando Samuel ungió a David, la Biblia declara:
“Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.”
— 1 Samuel 16:13
Aquella unción simbolizaba consagración, autoridad y la presencia del Espíritu de Dios sobre la vida de una persona.
Con el paso del tiempo, el aceite también comenzó a asociarse con sanidad y restauración. En muchas ocasiones se aplicaba sobre heridas físicas como una especie de alivio medicinal.
En la parábola del buen samaritano, Jesús menciona:
“Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino.”
— Lucas 10:34
El aceite ayudaba a suavizar y proteger las heridas del cuerpo. Por eso terminó convirtiéndose también en una imagen espiritual del cuidado y restauración de Dios hacia las heridas del corazón humano.
Incluso los discípulos utilizaron aceite mientras ministraban a los enfermos.
“Y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.”
— Marcos 6:13
Y Santiago escribió a la iglesia:
“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.”
— Santiago 5:14

Sin embargo, una de las escenas más impactantes relacionadas con el aceite ocurrió durante el ministerio de Jesucristo.
Mientras Jesús estaba en casa de Simón el fariseo, una mujer conocida por su vida pecaminosa entró llevando un frasco de alabastro lleno de perfume costoso. Aquella mujer se acercó llorando y comenzó a derramar el perfume sobre Jesús.
“Entonces la mujer… trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.”
— Lucas 7:37-38
La escena debió haber sido profundamente conmovedora. Mientras muchos religiosos observaban a Jesús con orgullo y juicio, aquella mujer derramó sobre Él algo extremadamente valioso como expresión de amor, arrepentimiento y adoración.
El perfume probablemente representaba una de las posesiones más costosas que tenía. Algunos perfumes de aquella época podían equivaler al salario de casi un año entero de trabajo.
Pero más impactante aún fue la reacción de Jesucristo. Mientras otros veían el pasado de aquella mujer, Él vio su corazón quebrantado.
“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho.”
— Lucas 7:47
Otra escena similar ocurrió pocos días antes de la crucifixión. María, hermana de Lázaro, tomó un perfume de nardo puro y ungió los pies de Jesús.
“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”
— Juan 12:3
Aquel aroma debió haber llenado toda la habitación. Mientras algunos criticaban el “desperdicio”, Jesucristo entendía que aquella unción estaba preparando simbólicamente Su cuerpo para la muerte que se acercaba.
En el mundo bíblico, ungir con aceite no era un simple detalle ceremonial. Representaba honra, amor, sanidad, servicio y consagración delante de Dios. El aceite descendiendo sobre la cabeza o los pies de una persona hablaba de cuidado, valor y separación para algo especial.
Por eso resulta tan poderoso que muchos derramaran aceite sobre Cristo, pero Él terminaría derramando Su propia vida por la humanidad.
Cada gota de perfume derramada sobre Jesús anunciaba algo eterno: que Él era digno de toda honra, toda adoración y toda entrega.
♫ Escuche música con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Descubra el Museo la vida y obra de Jesucristo
