2. Loa levitas

Los levitas pertenecían a la tribu de Leví, una de las doce tribus de Israel. Desde tiempos antiguos habían sido apartados para servir en las labores relacionadas con la adoración a Dios y el cuidado del tabernáculo, y más adelante, del templo de Jerusalén.

“En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle…”
Deuteronomio 10:8

  Aunque muchas personas suelen confundir a los levitas con los sacerdotes, no todos los levitas eran sacerdotes. Los sacerdotes descendían específicamente de Aarón, mientras que los demás levitas ayudaban en múltiples tareas necesarias para el funcionamiento del sistema religioso de Israel.

  Su trabajo era muy variado. Algunos cuidaban las entradas del templo y mantenían el orden; otros supervisaban utensilios sagrados, almacenaban ofrendas, organizaban ceremonias o asistían directamente en diferentes actividades del culto.

“Y los levitas serán míos.”
Números 3:12

  

Muchos también participaban en la música y la adoración. En tiempos bíblicos existían levitas especializados en cantar y tocar instrumentos durante las ceremonias sagradas.

“Y los cantores hijos de Asaf estaban en su puesto…”
2 Crónicas 35:15

  El sonido de trompetas, címbalos, arpas y cantos probablemente formaba parte frecuente del ambiente del templo. La adoración no era improvisada; existía organización, preparación y grupos designados específicamente para ministrar delante de Dios.

  Otros levitas ayudaban transportando elementos sagrados o cuidando áreas específicas del templo. Desde los días del tabernáculo en el desierto, Dios había asignado responsabilidades precisas a cada familia levítica.

“Y el cargo de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión, consistía en cuidar el arca, la mesa, el candelero, los altares…”
Números 3:31

  Aunque muchos levitas no tenían la misma posición visible que el sumo sacerdote o los sacerdotes principales, su labor era fundamental. Sin ellos, gran parte del funcionamiento diario del templo simplemente no habría sido posible.

  En tiempos de Jesús, los levitas seguían formando parte importante de la vida religiosa judía. La gente los veía constantemente en Jerusalén y especialmente en el templo durante las fiestas y celebraciones.

  Jesús mencionó a sacerdotes y levitas en una de Sus parábolas más impactantes: la del buen samaritano.

“Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.”
Lucas 10:31–32

  En aquella historia, un hombre había sido asaltado, golpeado y abandonado medio muerto junto al camino. Primero pasó un sacerdote y luego un levita. Ambos lo vieron, pero continuaron su camino sin ayudarlo.

  Entonces Jesús sorprendió profundamente a quienes escuchaban la parábola al mostrar que quien actuó verdaderamente con misericordia fue un samaritano, alguien despreciado por muchos judíos de aquella época.

“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia.”
Lucas 10:33

  La enseñanza de Cristo era poderosa. La verdadera espiritualidad no consiste solamente en ocupar una posición religiosa, conocer ceremonias o participar en actividades sagradas. Dios también mira el corazón, la compasión y la manera en que tratamos al prójimo.

“Porque misericordia quiero, y no sacrificio…”
Mateo 9:13

  Jesús estaba mostrando que una persona puede participar externamente en la religión y aun así tener el corazón lejos de Dios. En cambio, alguien considerado despreciado o indigno podía reflejar mucho más claramente el amor y la misericordia del Señor.

  Al estudiar a los levitas en tiempos de Jesús, también podemos comprender cuánto valor daba Dios al servicio, al orden y a la adoración. Pero al mismo tiempo, Cristo dejó claro que ninguna posición religiosa puede reemplazar un corazón lleno de amor, misericordia y obediencia verdadera hacia Dios.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.