Por el: Dr. Elio M Rivera
El hombre que afirmó ser el Mesías prometido
Hasta ahora hemos hablado acerca de las profecías mesiánicas, del tiempo señalado para la venida del Mesías y de las señales que, según las Escrituras, permitirían reconocerlo. Pero ahora llegamos a un punto todavía más importante y personal de toda esta discusión: ¿qué dijo Jesús acerca de Sí mismo?
Porque al final, el debate acerca de Jesucristo no gira solamente alrededor de lo que otros dijeron acerca de Él.
También gira alrededor de Sus propias declaraciones.
Y eso cambia completamente el panorama.
Muchas personas admiran a Jesús como maestro moral, como ejemplo de amor o como figura histórica. Pero pocas veces se detienen a analizar seriamente lo que Él realmente afirmó acerca de Su identidad. Y cuando uno comienza a leer cuidadosamente los Evangelios, descubre algo profundamente interesante: Jesús no hablaba de Sí mismo como un simple maestro religioso más.
De hecho, muchas de las reacciones violentas que produjo no ocurrieron solamente por Sus milagros o enseñanzas. Ocurrieron porque las personas entendían perfectamente las implicaciones de lo que Él estaba diciendo acerca de Sí mismo.
Uno de los momentos más claros ocurrió en una conversación con la mujer samaritana. Después de hablar acerca de la adoración y de la esperanza mesiánica, la mujer le dijo: “Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas”. Entonces Jesús respondió algo extraordinario: “Yo soy, el que habla contigo” (Juan 4:25-26).
Aquella declaración resulta impactante porque Jesús no dejó la conversación en algo ambiguo. Se identificó directamente como el Mesías esperado.
En otra ocasión, Jesús leyó públicamente una profecía mesiánica del libro de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres…” (Lucas 4:18). Después de terminar la lectura declaró delante de todos: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21).
Las personas que estaban allí entendieron inmediatamente lo que estaba insinuando. Jesús estaba aplicando a Sí mismo una profecía mesiánica antigua.
Y probablemente una de las escenas más intensas ocurrió cuando el sumo sacerdote le preguntó directamente durante el juicio: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Jesús respondió: “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:61-62).
Aquella respuesta provocó una reacción inmediata. El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y lo acusó de blasfemia. ¿Por qué? Porque entendieron que Jesús no estaba presentándose solamente como un maestro o profeta. Estaba atribuyéndose una identidad y autoridad que, para ellos, resultaban demasiado grandes para un hombre común.
Jesús también utilizó constantemente el título “Hijo del Hombre”, una expresión profundamente conectada con la visión profética de Daniel 7:13-14, donde aparece una figura celestial recibiendo dominio eterno y autoridad sobre las naciones. Para muchos de Sus oyentes, aquello no era una simple forma poética de hablar. Era una referencia cargada de significado mesiánico.
En otra ocasión declaró: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). La reacción fue inmediata: tomaron piedras para apedrearlo. Nuevamente, no porque estuviera enseñando ética o bondad, sino porque entendieron el nivel de las afirmaciones que estaba haciendo acerca de Sí mismo.
También afirmó tener autoridad para perdonar pecados. Cuando dijo a un paralítico: “Tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5), algunos escribas pensaron dentro de sí: “¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2:7). Jesús no corrigió la idea de que aquella autoridad pertenecía únicamente a Dios. Más bien, reforzó Su declaración sanando al hombre delante de todos.
Y quizá una de Sus afirmaciones más profundas ocurrió cuando declaró: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Aquellas palabras provocaron otra reacción violenta porque “Yo Soy” recordaba directamente el nombre con que Dios se reveló a Moisés en Éxodo 3:14: “YO SOY EL QUE SOY”.
Por supuesto, a lo largo de los siglos han existido distintas interpretaciones acerca de estas declaraciones. Algunos consideran que Jesús fue malinterpretado. Otros creen que los Evangelios exageraron posteriormente Sus palabras. Pero también existen millones de personas convencidas de que Jesús realmente estaba revelándose como el Mesías prometido y como alguien muchísimo más grande que un simple líder religioso.
Y quizá aquí aparece uno de los aspectos más importantes de toda esta discusión.
Jesús no dejó demasiado espacio para la indiferencia.
Porque una persona que hace este tipo de declaraciones obliga inevitablemente a quienes lo escuchan a tomar una decisión. No es fácil reducir a Jesús solamente a un “buen maestro” cuando Sus propias palabras van mucho más allá de eso.
Por eso, la gran pregunta no es solamente qué dijeron los profetas acerca del Mesías.
La pregunta también es:
¿Qué hacemos con lo que Jesús dijo acerca de Sí mismo?
Porque si Sus declaraciones eran verdaderas, entonces estamos frente a una de las revelaciones más importantes de toda la historia humana.
Pero si no lo eran… entonces la humanidad sigue enfrentando exactamente la misma pregunta que apareció hace dos mil años:
¿Era Jesús realmente el Mesías prometido… o todavía debemos esperar a otro?
Por mi parte, después de estudiar las Escrituras, las profecías y las declaraciones de Jesús acerca de Sí mismo, yo ya he tomado una decisión respecto a la persona de Jesucristo.
Y usted… ¿qué decisión ha tomado?
