42. Sigue vivo, no como recuerdo, sino como Señor presente    

Por: Dr. Elio M Rivera

    Muchas figuras importantes de la historia dejaron enseñanzas, libros, movimientos o recuerdos. Sus nombres permanecen porque alguna vez existieron y marcaron generaciones. Pero con Jesucristo ocurre algo completamente distinto. El cristianismo no nació simplemente alrededor del recuerdo de un hombre admirable del pasado. Nació alrededor de una convicción radical: Jesús sigue vivo.

    Eso cambia completamente la naturaleza del mensaje cristiano.

    Porque los discípulos no salieron al mundo diciendo únicamente: “Recuerden Sus enseñanzas”. Salieron proclamando algo mucho más impactante: “Él vive”.

    Después de la resurrección, los Evangelios muestran que Jesús continuó apareciéndose a Sus discípulos. Comió con ellos. Habló con ellos. Caminó con ellos. Tomás incluso tocó Sus heridas. Lucas relata que Jesús “se presentó vivo con muchas pruebas indubitables” (Hechos 1:3).

    Eso significa que los primeros seguidores de Cristo no creían solamente en una filosofía inspiradora o en un recuerdo emocional. Estaban convencidos de que Jesús había vencido la muerte y seguía vivo realmente.

    Y quizá ahí se encuentra una de las razones por las que el mensaje cristiano tuvo un impacto tan explosivo en el mundo antiguo. Porque los discípulos no estaban anunciando simplemente la memoria de un líder caído. Estaban proclamando que aquel que había sido crucificado ahora reinaba vivo.

    Pedro lo declaró públicamente diciendo: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús… Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).

    Señor.

    No solamente maestro del pasado.
    No solamente mártir admirable.
    No solamente ejemplo moral.

    Señor vivo.

    Eso es profundamente importante. Porque una cosa es admirar a alguien que existió en la historia. Pero otra muy distinta es creer que esa persona continúa viva y actuando hoy.

    Los Evangelios muestran que Jesús mismo habló de esta realidad antes de la cruz. Dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

    Aquella promesa habría sido imposible si Su historia terminaba en la tumba.

    Pero la resurrección cambió todo.

    Desde entonces, los seguidores de Cristo comenzaron a hablar de Él no como alguien distante, sino como alguien presente. El apóstol Pablo escribió: “Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Eso revela una relación viva, no simplemente admiración histórica.

    Y quizá ahí está una de las diferencias más profundas entre Jesucristo y cualquier otra figura religiosa o filosófica. Porque el mensaje central del Evangelio no es simplemente: “Él existió”. El mensaje es: “Él vive”.

    Eso explica por qué millones de personas a través de los siglos han hablado de experimentar Su presencia, Su dirección, Su consuelo y Su transformación de maneras profundamente personales.

    No lo ven solamente como personaje histórico. Lo ven como alguien real y presente.

    El libro de Hebreos declara: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Esa frase revela continuidad viva. Cristo no pertenece únicamente al pasado. Su autoridad y Su presencia continúan.

    También el libro de Apocalipsis lo describe diciendo: “Yo soy el primero y el último; y el que vivo” (Apocalipsis 1:17-18).

    El que vivo.

    Eso significa que la resurrección no fue solamente un evento para cerrar la historia de Jesús con esperanza. Fue el comienzo de Su reinado vivo.

    Y quizá ahí se encuentra una de las partes más impactantes del Evangelio. Porque si Cristo sigue vivo, entonces Sus palabras siguen teniendo autoridad. Su llamado sigue vigente. Su presencia sigue transformando vidas. Y la cruz no quedó atrapada en el pasado como un simple recuerdo religioso.

    Eso también explica por qué los discípulos estuvieron dispuestos a sufrir persecución y muerte. Ellos no estaban defendiendo simplemente ideas antiguas. Estaban convencidos de que Jesús estaba vivo y reinando.

    El libro de Efesios declara que Dios “le sentó a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad” (Efesios 1:20-21).

    Eso significa que Cristo no solo resucitó para existir nuevamente. Resucitó para reinar.

    Y quizá esa es una de las razones por las que la figura de Jesucristo sigue siendo tan diferente a cualquier otra en la historia. Porque las tumbas de todos los demás líderes siguen ocupadas. Pero el cristianismo nació proclamando que la tumba de Jesús quedó vacía.

    Tal vez por eso Su nombre continúa produciendo tanta esperanza, tanta incomodidad y tanta transformación hasta hoy. Porque los Evangelios no presentan a Cristo simplemente como un recuerdo inspirador del pasado. Lo presentan como Señor vivo, presente y activo.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.