30. Experimentó el abandono de casi todos en la hora más dura    

Por el Dr. Elio M Rivera

Una de las experiencias más dolorosas para un ser humano es descubrir quién permanece cuando llegan los momentos más oscuros. Mientras todo va bien, muchas personas parecen cercanas. Pero las crisis profundas suelen revelar cuán frágiles pueden ser algunas lealtades humanas. Y una de las cosas más impactantes acerca de Jesucristo es que, en la hora más difícil de Su vida, experimentó el abandono de casi todos los que estaban cerca de Él.

    Eso vuelve todavía más conmovedora la historia de Sus últimas horas. Porque Jesús no solo enfrentó dolor físico. También enfrentó soledad emocional, rechazo y abandono en el momento donde humanamente más necesitaba apoyo.

    Durante años había caminado junto a Sus discípulos. Habían comido juntos, viajado juntos, presenciado milagros y escuchado enseñanzas que transformarían la historia. Pedro había declarado: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26:33). Otros también afirmaban estar dispuestos a morir con Él.

    Pero cuando llegó la verdadera prueba, todo cambió rápidamente.

    Después del arresto en Getsemaní, el Evangelio relata una frase profundamente dolorosa: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Mateo 26:56).

    Todos.

    Aquellos hombres que habían prometido permanecer fieles desaparecieron dominados por el miedo. Jesús quedó prácticamente solo mientras comenzaba el camino hacia la cruz.

    Eso debió producir un dolor emocional enorme. Porque el abandono duele más cuando proviene de personas cercanas. Y Jesús no era indiferente emocionalmente. Los Evangelios muestran que sentía profundamente. Lloró frente al dolor humano. Se conmovía con las multitudes. Amaba sinceramente a Sus discípulos.

    Por eso resulta imposible pensar que aquel abandono no lo afectó profundamente.

    Pedro incluso llegó a negarlo públicamente tres veces. Horas antes había prometido fidelidad absoluta, pero frente al peligro declaró: “No conozco al hombre” (Mateo 26:74).

    Eso debió ser devastador.

    No solo estaba siendo rechazado por líderes religiosos, soldados y multitudes. También estaba viendo derrumbarse la fidelidad de personas a quienes había amado y formado durante años.

    Y aun así, algo profundamente impresionante ocurrió: el abandono no endureció Su corazón.

    Eso quizá es una de las cosas más extraordinarias acerca del carácter de Jesucristo. Porque normalmente las heridas profundas transforman a las personas. El abandono muchas veces produce amargura, resentimiento, desconfianza o frialdad emocional. Hay personas que después de ser abandonadas nunca vuelven a abrir completamente su corazón.

    Pero Jesús reaccionó de manera diferente.

    Después de la resurrección no buscó destruir emocionalmente a Sus discípulos por haber huido. No apareció consumido por resentimiento. No los rechazó definitivamente. Más bien salió a buscarlos nuevamente.

    Particularmente conmovedora es la restauración de Pedro. Jesús sabía exactamente lo que Pedro había hecho. Sabía de sus negaciones, de su miedo y de su fracaso. Y aun así lo recibió nuevamente junto al mar de Galilea. Allí no vemos a un Cristo vengativo humillando a un hombre caído. Vemos a alguien restaurando a un discípulo quebrantado.

    Eso revela algo profundamente sobrenatural acerca de Su corazón. El abandono no destruyó Su capacidad de amar.

    También resulta impactante que, aun en medio de Su sufrimiento, Jesús siguiera pensando en otros. Mientras estaba en la cruz se preocupó por Su madre, diciéndole a Juan: “He ahí tu madre” (Juan 19:27). Incluso agonizando, Su corazón seguía mostrando amor y cuidado.

    Eso significa que el dolor no lo convirtió en alguien centrado únicamente en Sí mismo. Su sufrimiento fue inmenso, pero no apagó Su compasión.

    El profeta Isaías había anunciado siglos antes que el Mesías sería “despreciado y desechado entre los hombres” (Isaías 53:3). Jesús conoció desde dentro lo que significa ser rechazado y abandonado. No desde una teoría distante, sino desde la experiencia más profunda.

    Y quizá por eso tantas personas heridas se identifican con Él. Porque muchos saben lo que significa sentirse solos, traicionados o abandonados precisamente cuando más necesitaban apoyo. Los Evangelios muestran que Jesús también caminó por ese valle oscuro.

    Pero quizá lo más extraordinario es esto: el abandono no destruyó Su carácter. No apagó Su amor. No lo convirtió en alguien lleno de odio. No endureció completamente Su corazón.

    Eso resulta difícil de explicar humanamente.

    Porque muchas veces el sufrimiento revela lo que realmente existe dentro de una persona. Y en Jesús, aun cuando casi todos se alejaron de Él, siguieron apareciendo misericordia, compasión y amor.

    Tal vez esa es una de las cosas más impactantes acerca de Jesucristo: experimentó uno de los abandonos más dolorosos imaginables… y aun así no permitió que el dolor destruyera la profundidad de Su corazón.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.