4. Alejandro Magno completa la profecía

Por el Dr. Elio M Rivera

Durante más de dos siglos, la ciudad insular de Tiro permaneció en pie.

El largo asedio de Nabucodonosor había debilitado su poder político y comercial, pero sus enormes murallas seguían levantándose sobre la isla, protegidas por el mar. Para muchos, la parte más sorprendente de la profecía de Ezequiel parecía imposible de cumplirse.

¿Cómo podrían las piedras, la madera y hasta el polvo de una ciudad ser arrojados al mar?

La respuesta llegó alrededor de doscientos cincuenta años después, cuando apareció un nuevo conquistador.

Su nombre era Alejandro Magno.

Alejandro Magno termina de conquistar la ciudad de Tiro

En el año 332 a.C., mientras avanzaba hacia Egipto después de derrotar al Imperio Persa en las batallas del Gránico e Iso, Alejandro exigió que la ciudad de Tiro le permitiera ofrecer un sacrificio en el templo de Melqart, una de las principales deidades fenicias, a quien los griegos identificaban con Heracles.

Los habitantes de Tiro rechazaron la petición.

Sabían que abrir las puertas de la ciudad equivalía a reconocer la autoridad del conquistador macedonio. Confiaban en que sus murallas y el mar serían suficientes para detener cualquier intento de invasión.

Desde el punto de vista militar, tenían buenas razones para sentirse seguros.

La ciudad estaba construida sobre una isla situada a casi un kilómetro de la costa. Sus murallas se elevaban directamente desde el mar y, en algunos sectores, alcanzaban una altura impresionante. Ningún ejército terrestre podía llegar hasta ellas.

Pero Alejandro tomó una decisión que nadie esperaba.

Ordenó construir un enorme terraplén que uniera el continente con la isla.

Para levantar aquella gigantesca obra de ingeniería necesitaba una inmensa cantidad de material.

¿De dónde lo obtendría?

Las fuentes antiguas narran que utilizó las piedras, la madera y los escombros de la antigua ciudad continental, que había quedado destruida desde la época del asedio babilónico. Todo ese material fue arrojado al mar para formar una calzada que permitiera acercar las máquinas de guerra hasta las murallas de la ciudad.

Es difícil leer este relato sin recordar las palabras pronunciadas por Ezequiel siglos antes:

“Pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas.”
(Ezequiel 26:12).

Lo que parecía una descripción imposible comenzó a cumplirse literalmente ante los ojos de quienes presenciaban el asedio.

La construcción del terraplén fue una obra extraordinaria de ingeniería militar.

Los tirios intentaron impedirla utilizando barcos, flechas incendiarias y ataques sorpresa. En una ocasión destruyeron varias de las máquinas de asedio de Alejandro mediante un barco cargado de materiales inflamables.

Sin embargo, el conquistador respondió reuniendo una poderosa flota procedente de ciudades fenicias que ya se habían rendido, así como de Chipre y otras regiones del Mediterráneo.

Ahora Tiro ya no solo estaba sitiada por tierra.

También quedó rodeada por mar.

Después de varios meses de intensos combates, las máquinas de asedio lograron abrir una brecha en las murallas.

Las tropas macedonias penetraron en la ciudad y pusieron fin a la resistencia.

Con la caída de Tiro en el año 332 a.C., desapareció definitivamente la gran potencia marítima que durante siglos había dominado el comercio fenicio.

El acontecimiento marcó el final de una época.

Pero, desde la perspectiva de la profecía bíblica, el aspecto más llamativo no fue únicamente la conquista de la ciudad.

Fue la manera en que ocurrió.

Ezequiel no solo había anunciado que Tiro sería atacada por diversas naciones.

También había descrito una acción extraordinariamente específica: sus piedras, su madera y aun su polvo serían arrojados al mar.

Las fuentes históricas relatan precisamente que Alejandro utilizó los restos de la antigua ciudad continental para construir el terraplén que hizo posible la conquista de la ciudad insular.

Aquella obra de ingeniería transformó incluso la geografía de la región.

Con el paso de los siglos, los sedimentos acumulados alrededor del terraplén terminaron uniendo permanentemente la antigua isla con el continente. Hoy, la ciudad moderna de Tiro ya no se encuentra aislada por el mar como en tiempos de Ezequiel y Alejandro, sino sobre una península formada, en gran medida, como consecuencia de aquella construcción.

Lo que comenzó con el asedio de Nabucodonosor encontró su culminación en la campaña de Alejandro Magno.

La historia, una vez más, siguió una secuencia que había sido anunciada por el profeta muchos años antes.

Referencias

Fuentes bíblicas

  • Ezequiel 26:3–14.

Fuentes históricas

  • Arriano, Anábasis de Alejandro, Libro II.
  • Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica, Libro XVII.
  • Quinto Curcio Rufo, Historia de Alejandro Magno, Libro IV.
  • Plutarco, Vida de Alejandro.

Bibliografía moderna

  • Robin Lane Fox, Alexander the Great.
  • Peter Green, Alexander of Macedon, 356–323 B.C.: A Historical Biography.
  • A. B. Bosworth, Conquest and Empire: The Reign of Alexander the Great.
  • Daniel I. Block, The Book of Ezekiel, Chapters 25–48.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.