Por el Dr. Elio M Rivera
Al llegar a este punto, surge una pregunta inevitable.
¿Por qué Dios escogió precisamente setenta años?
¿Por qué no cincuenta?
¿Por qué no cien?
¿Se trataba simplemente de un número simbólico o existía una razón específica?
La respuesta se encuentra muchos siglos antes del cautiverio, en una ley que Dios había dado al pueblo de Israel cuando aún se encontraba camino a la Tierra Prometida.
En Levítico 25, Dios estableció que la tierra debía descansar cada siete años. Así como el ser humano necesitaba un día de reposo cada semana, la tierra también debía disfrutar de un año de descanso. Durante ese séptimo año no debía sembrarse ni cosecharse con fines comerciales. Era un recordatorio de que la tierra pertenecía al Señor y de que Israel dependía de Él para su sustento.
Sin embargo, con el paso de los siglos, aquella orden fue ignorada.
Año tras año, generación tras generación, el pueblo continuó cultivando la tierra sin respetar los años sabáticos establecidos por Dios. La desobediencia llegó a formar parte de la vida nacional.
Mucho antes del cautiverio, el Señor ya había advertido cuáles serían las consecuencias de esa actitud. En Levítico 26, anunció que, si Israel persistía en su rebeldía y era expulsado de la tierra, entonces el país disfrutaría por fin de los años de reposo que sus habitantes le habían negado.
Aquella advertencia parecía lejana.
Pero siglos después se cumplió.
Al narrar la caída de Jerusalén, el autor de 2 Crónicas hace una observación que llama poderosamente la atención. Explica que el pueblo fue llevado cautivo a Babilonia “para que se cumpliera la palabra de Jehová” y añade que la tierra descansó durante todo el tiempo del exilio, “hasta que hubo gozado de sus días de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.” (2 Crónicas 36:21).
Esta afirmación conecta directamente el cautiverio con la ley dada siglos antes en Levítico.
Muchos estudiosos han observado que, si durante aproximadamente cuatrocientos noventa años Israel dejó de guardar setenta años sabáticos, el resultado sería precisamente setenta años de descanso para la tierra. Aunque la Biblia no desarrolla este cálculo de manera explícita, la relación entre ambos pasajes ha sido reconocida desde la antigüedad y explica de forma coherente por qué el período del exilio tuvo esa duración.
Más allá de la cronología, la enseñanza es profundamente significativa.
El cautiverio no fue un acto de arbitrariedad divina.
Tampoco fue un accidente de la historia.
Dios estaba cumpliendo exactamente lo que había anunciado siglos antes.
Incluso el juicio obedecía a un propósito y a un tiempo determinado.
El mismo Dios que prometió bendecir la obediencia también había advertido las consecuencias de la desobediencia. Y cuando llegó el momento del exilio, el reloj de Dios comenzó a correr exactamente como Él lo había establecido.
Pero también comenzó a correr el reloj de la esperanza.
Porque el mismo Dios que había fijado el inicio del cautiverio también había determinado el día en que terminaría.
Referencias
Bíblicas
- Levítico 25:1–7 — El año sabático.
- Levítico 26:33–35 — La tierra disfrutaría sus años de reposo durante el exilio.
- 2 Crónicas 36:20–21 — El cautiverio cumplió los setenta años de descanso de la tierra.
Bibliografía
- Eugene H. Merrill, Kingdom of Priests.
- John H. Walton, Chronological and Background Charts of the Old Testament.
Disfrute Música con propósito
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
Descubra el museo la vida y obra de Jesucristo
