25. Podía ver lo que había en el corazón de las personas    

Por: Dr. Elio M Rivera

Una de las cosas más impactantes acerca de Jesucristo es que no parecía limitarse a observar solamente lo externo. Los Evangelios muestran repetidamente que Jesús podía percibir lo que estaba ocurriendo dentro del corazón humano. Veía intenciones, pensamientos, heridas, hipocresía, miedo y aun aquellas cosas que las personas trataban de esconder detrás de apariencias religiosas o sociales.

    Eso producía asombro, pero también incomodidad. Porque los seres humanos normalmente podemos ocultar muchas cosas detrás de palabras, sonrisas o imágenes externas. Podemos aparentar fortaleza mientras estamos rotos por dentro. Podemos aparentar espiritualidad mientras el corazón está lejos de Dios. Pero delante de Jesús parecía imposible esconder completamente lo que realmente habitaba dentro de una persona.

    En una ocasión, mientras algunos escribas razonaban en silencio dentro de sí mismos después de que Jesús perdonó los pecados de un paralítico, la Escritura dice: “Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?” (Marcos 2:8).

    Eso es impresionante.

    Ellos ni siquiera habían expresado aquellas palabras públicamente. Todo ocurría dentro de sus pensamientos. Y aun así Jesús sabía lo que estaba pasando en su interior.

    Los Evangelios repiten este tipo de escenas constantemente. Juan escribió acerca de Él: “No tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:25). Esa declaración revela algo profundamente inquietante y al mismo tiempo extraordinario: Jesús conocía la verdadera condición interior de las personas.

    Eso explica por qué muchas veces respondía preguntas que nadie había formulado todavía. O por qué confrontaba directamente actitudes ocultas detrás de comportamientos aparentemente correctos.

    Por ejemplo, los fariseos eran vistos por muchos como modelos de espiritualidad. Exteriormente parecían disciplinados, religiosos y moralmente correctos. Pero Jesús veía más allá de la apariencia. Por eso les dijo: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).

    Aquellas palabras eran durísimas.

    Jesús estaba mostrando que no se impresionaba únicamente con prácticas externas o apariencias religiosas. Él veía la verdadera condición del corazón.

    También ocurrió con el joven rico. A simple vista parecía un hombre ejemplar. Moralmente correcto, disciplinado y respetuoso. Pero cuando habló con Jesús, el Señor detectó inmediatamente aquello que gobernaba realmente su interior. Entonces le dijo: “Una cosa te falta” (Marcos 10:21).

    El problema profundo no era simplemente dinero. Era aquello que ocupaba el lugar más importante dentro de su corazón.

    Eso demuestra que Jesús no trataba solamente conductas visibles. Iba a la raíz.

    Pero quizá una de las cosas más hermosas es que Su capacidad de ver el corazón no era usada únicamente para confrontar pecado. También la usaba para ver dolor oculto, fe sincera y hambre espiritual que otros no podían percibir.

    Cuando Natanael se acercó a Él por primera vez, Jesús le dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47). Natanael quedó sorprendido y preguntó: “¿De dónde me conoces?” (Juan 1:48). Jesús había visto algo dentro de él antes siquiera de conocerlo personalmente.

    También ocurrió con la mujer samaritana. Jesús conocía detalles íntimos de su vida, relaciones y heridas emocionales. Y aun así no la trató con desprecio. Más bien usó esa verdad para conducirla hacia restauración.

    Eso revela algo profundamente importante acerca del carácter de Jesucristo: Él podía ver lo peor y lo más roto dentro de las personas… y aun así acercarse a ellas con misericordia.

    Quizá por eso Su presencia producía reacciones tan intensas. Algunos se sentían profundamente atraídos hacia Él. Otros se sentían incómodos y amenazados. Porque estar cerca de Jesús significaba quedar expuesto más allá de las apariencias.

    Y aun así, Él no parecía disfrutar humillar personas. Cuando confrontaba, normalmente lo hacía para llamar al arrepentimiento, despertar corazones o rescatar a quienes estaban perdidos. No exponía para destruir; exponía para sanar.

    El profeta Samuel había escuchado siglos antes una frase que resume perfectamente esta verdad: “Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

    Los Evangelios muestran que Jesús actuaba exactamente así. Mientras otros evaluaban apariencia, posición social o reputación, Él observaba algo mucho más profundo.

    Tal vez por eso Su figura sigue siendo tan inquietante hasta hoy. Porque es relativamente fácil impresionar seres humanos. Podemos construir imágenes externas aceptables. Podemos ocultar heridas, orgullo, miedo o vacío detrás de sonrisas y palabras correctas.

    Pero los Evangelios presentan a un hombre que parecía ver directamente dentro del alma humana.

    Y quizá esa es una de las preguntas más difíciles de ignorar: ¿quién puede realmente mirar el corazón de las personas de esa manera? Porque Jesús no solo escuchaba palabras. Parecía conocer profundamente aquello que existía dentro del ser humano antes incluso de que fuera expresado.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.