Por el Dr. Elio M Rivera
Durante Su ministerio terrenal, Jesucristo no enseñó únicamente en caminos, montes o aldeas de Galilea. Muchas de Sus enseñanzas más profundas y confrontantes ocurrieron dentro del mismo templo de Jerusalén.
Aquel lugar que representaba la gloria espiritual de Israel escuchó la voz del Mesías caminar entre sus patios, enseñar entre sus columnas y confrontar la corrupción religiosa que se había levantado en medio del pueblo.
Jesús conocía perfectamente el significado del templo para la nación judía. Desde niño estuvo relacionado con aquel lugar.
La Escritura relata que, cuando tenía doce años, subió con José y María a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y después de varios días de búsqueda, lo encontraron dentro del templo.
📖 “Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.”
— Lucas 2:46 (RVR1960)
Incluso desde Su juventud, Jesús mostró un profundo entendimiento espiritual y una conexión especial con la casa de Su Padre.
📖 “Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”
— Lucas 2:49 (RVR1960)
Años después, durante Su ministerio público, Jesús regresaría constantemente al templo para enseñar al pueblo. Grandes multitudes se reunían para escucharlo hablar acerca del Reino de Dios.
📖 “Y enseñaba Jesús en el templo de día; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.”
— Lucas 21:37 (RVR1960)
El templo se convirtió en escenario de algunas de las enseñanzas más impactantes de Cristo. Allí habló sobre el perdón, la fe, el juicio, la hipocresía religiosa y la salvación.
Muchos lo escuchaban maravillados, porque no enseñaba como los escribas tradicionales. Sus palabras tenían autoridad.
📖 “Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.”
— Lucas 4:32 (RVR1960)
Sin embargo, el templo también se había convertido en un lugar donde existía corrupción espiritual. Lo que debía ser una casa de oración había terminado mezclándose con negocios, intereses económicos y abuso religioso.
Por eso uno de los momentos más impactantes del ministerio de Jesús ocurrió cuando entró al templo y expulsó a los comerciantes.
📖 “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo.”
— Mateo 21:12 (RVR1960)
Mientras volcaba mesas y expulsaba a los cambistas, Jesús declaró una de las frases más fuertes relacionadas con el templo.
📖 “Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”
— Mateo 21:13 (RVR1960)
Aquellas palabras no solamente denunciaban corrupción económica. Revelaban el dolor de Cristo al ver cómo la adoración verdadera había sido reemplazada por una religiosidad vacía.
Aun así, Jesús continuó enseñando en el templo. Los enfermos venían a Él. Los niños lo alababan. Y las multitudes seguían escuchándolo.
📖 “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.”
— Mateo 21:14 (RVR1960)
Resulta profundamente impactante pensar que el mismo Hijo de Dios caminó por aquellos patios. Sus pies pisaron las piedras del templo. Su voz resonó entre las columnas de Jerusalén. Sus ojos contemplaron los sacrificios, las multitudes y la religiosidad de la nación.
Pero mientras muchos admiraban el edificio, Jesús veía algo más profundo. Él entendía que el verdadero propósito del templo apuntaba hacia Él mismo.
Por eso, en una de Sus declaraciones más sorprendentes, habló acerca de un templo que sería destruido y levantado nuevamente.
📖 “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”
— Juan 2:19 (RVR1960)
Los judíos pensaron que hablaba del edificio construido por Herodes, pero Jesús estaba hablando de Su propio cuerpo.
📖 “Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”
— Juan 2:21 (RVR1960)
Aquello cambiaba completamente la comprensión del templo. Porque el centro definitivo de la presencia de Dios ya no sería solamente un edificio en Jerusalén, sino Jesucristo mismo.
El templo donde Jesús enseñó fue uno de los lugares más impresionantes del mundo antiguo. Pero aun toda su gloria, su oro y sus piedras no podían compararse con la gloria del Mesías que caminó dentro de él.
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