10. El Estanque de Siloé: El estanque donde Jesús devolvió la vista a un ciego y que permaneció oculto durante siglos

Por el Dr. Elio M. Rivera

Entre los descubrimientos arqueológicos más emocionantes realizados en Jerusalén durante las últimas décadas se encuentra el Estanque de Siloé. Durante siglos, los cristianos leyeron acerca de este lugar en los Evangelios, pero nadie sabía con certeza dónde se encontraba el estanque original del tiempo de Jesús.

      Sin embargo, a comienzos del siglo veintiuno, una excavación inesperada permitió sacar a la luz uno de los sitios más importantes relacionados con el ministerio de Cristo.

      La historia de Siloé comienza mucho antes de Jesús.

      Su origen está relacionado con uno de los proyectos de ingeniería más impresionantes del antiguo reino de Judá.

      En el siglo octavo antes de Cristo, el rey Ezequías enfrentaba la amenaza de una invasión asiria.

      Consciente de que Jerusalén podía ser sitiada, ordenó la construcción de un túnel para conducir las aguas de la Fuente de Gihón hasta el interior de la ciudad.

      La Biblia relata:

      ”Este mismo Ezequías cubrió los manantiales de Gihón la de arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la ciudad de David” (Segunda de Crónicas 32:30).

      El agua terminaba llegando a un depósito que con el paso del tiempo sería conocido como el Estanque de Siloé.

      Durante siglos, aquel sistema permitió abastecer a Jerusalén incluso en tiempos de guerra.

      Pero para los cristianos, el estanque es conocido principalmente por un acontecimiento registrado en el Evangelio de Juan.

      Un día Jesús encontró a un hombre ciego de nacimiento.

      Después de hablar con sus discípulos, realizó una acción sorprendente.

      ”Escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego” (Juan 9:6).

      Luego le dio una instrucción específica:

      ”Ve a lavarte en el estanque de Siloé” (Juan 9:7).

      El hombre obedeció.

      Y regresó viendo.

      Este relato convirtió al Estanque de Siloé en uno de los lugares más conocidos de los Evangelios.

      Sin embargo, con el paso de los siglos Jerusalén fue destruida, reconstruida y modificada numerosas veces.

      La ubicación exacta del estanque original terminó perdiéndose.

    Asi lucen las ruinas del estanque de Siloé en la actualidad

      Durante generaciones los peregrinos visitaron un pequeño estanque bizantino que se consideraba relacionado con el lugar bíblico.

      Pero muchos especialistas sospechaban que el estanque original debía encontrarse en otro lugar.

      La respuesta llegó de manera inesperada en el año dos mil cuatro.

      Mientras se realizaban trabajos de reparación en una tubería de alcantarillado cerca de la Ciudad de David, los obreros descubrieron varios escalones antiguos enterrados bajo la superficie.

      La Autoridad de Antigüedades de Israel envió arqueólogos para investigar el hallazgo.

      Entre los principales responsables de las excavaciones se encontraban Eli Shukron y el profesor Ronny Reich.

      Lo que encontraron sorprendió al mundo arqueológico.

      Bajo siglos de tierra y escombros apareció un enorme estanque escalonado construido con grandes bloques de piedra.

      Las excavaciones demostraron que el complejo pertenecía al período del Segundo Templo, precisamente la época en que vivieron Jesús y sus discípulos.

      Por primera vez en casi dos mil años, el Estanque de Siloé del tiempo de Cristo volvía a ver la luz.

      Los arqueólogos descubrieron amplias escalinatas que descendían hacia el agua desde varios lados.

      El diseño indicaba que no se trataba simplemente de un depósito para almacenar agua.

      Era un lugar destinado a recibir grandes cantidades de personas.

      Los investigadores concluyeron que los peregrinos utilizaban el estanque para realizar purificaciones rituales antes de ascender al Templo.

      Esta conclusión resultó aún más convincente cuando años después comenzaron a descubrirse tramos de la antigua calle de peregrinación que conectaba directamente el estanque con el Monte del Templo.

      De repente, la geografía de Jerusalén durante el tiempo de Jesús comenzó a cobrar vida.

      Los peregrinos llegaban al Estanque de Siloé.

      Realizaban sus abluciones.

      Y luego ascendían por la gran calle herodiana hacia el recinto sagrado.

      El descubrimiento también confirmó con notable precisión la descripción proporcionada por el Evangelio de Juan.

      El estanque existía.

      Se encontraba exactamente donde debía estar.

      Y desempeñaba un papel importante en la vida religiosa de Jerusalén.

      Otro aspecto fascinante es que el agua que alimentaba el estanque seguía procediendo del antiguo sistema hidráulico relacionado con el Túnel de Ezequías.

      En cierto sentido, las aguas que llegaron al estanque en tiempos de Jesús eran las mismas que habían recorrido aquel túnel excavado más de setecientos años antes.

      Cuando los visitantes recorren hoy el sitio arqueológico, pueden contemplar parte de las escalinatas originales descubiertas durante las excavaciones.

      Aunque solamente una porción del estanque ha sido expuesta hasta ahora, lo visible basta para comprender la magnitud del hallazgo.

      Nos encontramos ante uno de los pocos lugares de Jerusalén mencionados directamente en los Evangelios que ha sido identificado arqueológicamente con un alto grado de certeza.

      Quizá por eso el descubrimiento del Estanque de Siloé causó tanto entusiasmo entre arqueólogos e historiadores.

      No se trataba simplemente de encontrar una estructura antigua.

      Se trataba de redescubrir un escenario donde ocurrió uno de los milagros más conocidos de Jesús.

      Un lugar que había permanecido oculto durante siglos bajo las calles de Jerusalén.

      Y una vez más, la arqueología permitió que las piedras hablaran.

      Hoy los visitantes pueden contemplar el mismo estanque donde un hombre ciego obedeció las palabras de Cristo, descendió a las aguas de Siloé y regresó viendo por primera vez en su vida.

      Más adelante dedicaremos un estudio especial a la Calle de los Peregrinos y a los extraordinarios descubrimientos realizados entre el Estanque de Siloé y el Monte del Templo. Pero por ahora, Siloé permanece como uno de los hallazgos arqueológicos más impresionantes de la Jerusalén del Nuevo Testamento.

      Un lugar donde la historia, la arqueología y los Evangelios vuelven a encontrarse de manera extraordinaria.

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    Autor

    Elio Rivera

    El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.