
A diferencia de estos escenarios imaginarios, la presencia de los ángeles sí forma parte de lo que la Biblia revela acerca del cielo. Seres celestiales servían, adoraban y proclamaban la santidad de Dios. Antes de Belén, Jesucristo conocía aquella realidad de gloria y adoración; y fue de allí de donde decidió venir a nuestro mundo.
