
Imaginemos los jardines y parques de la ciudad del gran Rey: lugares de extraordinaria belleza, paz y vida. Estas imágenes son solamente una representación de nuestra imaginación, porque seguramente la realidad es mucho más hermosa de lo que podemos concebir. Al contemplarlos, intentamos acercarnos un poco a la maravillosa realidad que Jesucristo conocía antes de venir a nuestro mundo.
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