Por el Dr. Elio M. Rivera
Una de las preguntas más importantes que cualquier persona puede hacerse es esta: ¿cómo podemos conocer a alguien que vivió hace dos mil años? La mayoría de los personajes de la antigüedad quedaron sepultados bajo el polvo de la historia. Con frecuencia apenas conocemos sus nombres, algunas fechas importantes y unos cuantos acontecimientos de sus vidas. Sin embargo, cuando nos acercamos a Jesucristo, descubrimos algo extraordinario: existen múltiples caminos que nos permiten acercarnos a su persona.
Es como si Dios hubiera dejado una serie de huellas a lo largo de los siglos. Ninguna de ellas por sí sola agota el conocimiento de Cristo, pero juntas forman un camino que nos acerca cada vez más a Él. Algunas son históricas. Otras son espirituales. Algunas pueden estudiarse con libros y documentos. Otras deben experimentarse personalmente. Pero todas apuntan en la misma dirección.
Lo más sorprendente es que estas huellas no aparecieron por accidente. Desde muchos siglos antes del nacimiento de Jesús, Dios comenzó a dejar señales específicas acerca de quién sería el Mesías prometido. No fueron pistas vagas o declaraciones ambiguas. Fueron detalles concretos relacionados con su nacimiento, su familia, su carácter, su ministerio, sus sufrimientos, su muerte y aun su resurrección. Como piezas dispersas de un enorme rompecabezas, estas revelaciones fueron apareciendo una tras otra a lo largo de la historia bíblica.
Los profetas hablaron de un Salvador que nacería en Belén. Anunciaron que tendría una misión especial para llevar esperanza a los quebrantados. Predijeron que sería rechazado por muchos de los suyos. Describieron sufrimientos extraordinarios que ocurrirían siglos antes de que existiera la crucifixión como método de ejecución. Incluso señalaron acontecimientos relacionados con su muerte y detalles que, humanamente hablando, nadie habría podido controlar por sí mismo.
Pero las huellas no terminan en las profecías. Dios también dejó evidencia en la historia, en la arqueología, en los documentos antiguos, en la geografía de la Tierra Santa y en los testimonios de quienes convivieron con Jesús. Cada descubrimiento arqueológico, cada manuscrito antiguo y cada referencia histórica ayudan a iluminar el mundo en el que Cristo vivió. No crean a Jesús; simplemente confirman el escenario donde ocurrieron los acontecimientos narrados en los Evangelios.
A esto se suma algo todavía más profundo. Dios no solamente dejó evidencias externas. También dejó medios para que las personas pudieran conocer a Cristo de manera personal. La Biblia, la obra del Espíritu Santo, las enseñanzas de los apóstoles y el testimonio de millones de creyentes a través de los siglos forman parte de ese conjunto de señales que continúan apuntando hacia la misma persona: Jesucristo.
Cuando todas estas evidencias se observan juntas, comienzan a formar una imagen sorprendentemente coherente. La historia apunta hacia Él. Las profecías apuntan hacia Él. Los Evangelios apuntan hacia Él. Los primeros discípulos apuntan hacia Él. Es como si múltiples caminos provenientes de distintas épocas terminaran convergiendo en un mismo lugar.
Por esa razón, en los próximos artículos de esta serie examinaremos una por una las principales huellas que Dios dejó para ayudarnos a conocer mejor a Jesucristo. Exploraremos la Biblia, las profecías mesiánicas, la historia, la arqueología, la Tierra Santa y otros elementos que permiten contemplar con mayor claridad la identidad de aquel hombre que cambió el curso de la humanidad.
La pregunta no es si existen huellas. La verdadera pregunta es qué sucede cuando comenzamos a seguirlas. Porque todas ellas conducen hacia una misma persona. Y cuanto más las estudiamos, más difícil resulta ignorar la posibilidad de que Dios haya estado señalando a Jesucristo desde el principio.
Disfrute un reel con propósito:
- 1. ¿Podemos confiar en la Biblia?
- 2. Evidencia histórica de Jesucristo
- 3. Profecías acerca de Jesucristo
- 4. Jesucristo: Cosas que no sabías
- 5. ¿Quién es Jesucristo?
- 7. Vida, usos y costumbres de las tierras Bíblicas
- Artículo
- Reflexión
- Salvación
- Usos y costumbres del tiempo de Cristo
- Vida de Jesús
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