Por el Dr. Elio M Rivera
En las inmensas extensiones del mar existe un mundo que durante siglos permaneció casi completamente oculto para el ser humano. Bajo la superficie viven criaturas capaces de realizar grandes migraciones, comunicarse mediante elaboradas vocalizaciones y regresar periódicamente a determinadas regiones después de recorrer enormes distancias. Entre ellas se encuentra uno de los mamíferos más impresionantes del planeta: la ballena jorobada.
La ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) puede alcanzar alrededor de quince metros de longitud, aunque algunos ejemplares superan esta medida, y pesar decenas de toneladas. Sus largas aletas pectorales constituyen una de sus características más distintivas. Sin embargo, su tamaño representa solamente una parte de lo que hace fascinante a este animal. Sus migraciones, sus cantos, sus estrategias de alimentación y la relación entre madre y cría han despertado durante décadas el interés de los investigadores.

La Biblia presenta repetidamente el mar como una de las grandes manifestaciones del poder creador de Dios. El salmista contempló su inmensidad y escribió:
“He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes.”
(Salmo 104:25)
Entre esos grandes seres se encuentran las ballenas, mamíferos plenamente adaptados a la vida acuática que, a pesar de permanecer en el mar, respiran aire mediante pulmones, mantienen su temperatura corporal y alimentan a sus crías con leche.
El cuerpo de la ballena jorobada posee una forma hidrodinámica que facilita su desplazamiento. Sus extremidades anteriores forman grandes aletas pectorales, mientras la poderosa región posterior termina en una cola horizontal que proporciona la principal fuerza de propulsión.
Una gruesa capa de grasa debajo de la piel contribuye a conservar el calor y constituye una importante reserva energética. Su fisiología respiratoria y circulatoria también le permite aprovechar eficientemente el oxígeno durante las inmersiones. Sin embargo, como todos los cetáceos, necesita regresar periódicamente a la superficie para respirar a través de los espiráculos situados sobre la cabeza.
Estas características permiten que un mamífero de varias toneladas pueda pasar prácticamente toda su existencia en un ambiente donde un ser humano no sobreviviría sin ayuda tecnológica.
Una de las características más conocidas de las ballenas jorobadas son sus cantos. Los machos producen largas secuencias formadas por diferentes unidades sonoras que se organizan en frases y temas reconocibles.
Estas composiciones pueden durar varios minutos y repetirse durante largos períodos. Además, no permanecen siempre iguales. A lo largo de una temporada pueden sufrir modificaciones graduales, y los machos de una misma población suelen compartir versiones semejantes.
Las investigaciones han mostrado que ciertos cambios pueden propagarse socialmente entre individuos e incluso entre poblaciones. Este fenómeno constituye un fascinante ejemplo de transmisión cultural en animales, porque determinadas características del canto son aprendidas y compartidas.
Aquello que desde la superficie parece un mundo silencioso contiene en realidad un paisaje acústico que apenas comenzamos a comprender.
La visión bajo el agua se encuentra limitada por la profundidad, la turbidez y las condiciones de iluminación. El sonido, en cambio, se transmite eficazmente a través del medio acuático, convirtiéndose en una herramienta muy importante para numerosas especies marinas.
Las jorobadas producen diferentes vocalizaciones además de los famosos cantos de los machos. Algunas aparecen durante interacciones sociales, alimentación o contacto entre individuos. Para nosotros, acostumbrados a depender principalmente de la vista, resulta difícil imaginar hasta qué punto el sonido puede formar parte de la percepción de un ambiente.
La creación contiene así formas de comunicación que durante siglos existieron sin que supiéramos siquiera que estaban allí.
Muchas poblaciones de ballenas jorobadas realizan migraciones estacionales entre regiones de alimentación, generalmente situadas en aguas frías y productivas, y zonas reproductivas ubicadas en regiones tropicales o subtropicales.
Estos desplazamientos pueden abarcar enormes distancias. Durante las temporadas de alimentación aprovechan regiones ricas en peces y pequeños crustáceos, acumulando reservas energéticas que serán importantes durante otras etapas de su ciclo anual. Posteriormente se desplazan hacia aguas más cálidas, donde ocurre gran parte del apareamiento y donde muchas hembras dan a luz.
La capacidad para realizar estos recorridos plantea una pregunta fascinante: ¿cómo encuentra una ballena su camino a través de semejante inmensidad?
Los mecanismos exactos de navegación todavía son investigados. Los científicos consideran que podrían intervenir diferentes señales ambientales, entre ellas características del campo magnético terrestre, referencias solares, condiciones oceanográficas y posiblemente información acústica.
Es probable que la orientación dependa de varios sistemas trabajando conjuntamente. Lo sorprendente es la precisión con la que estos animales pueden desplazarse entre regiones separadas por enormes extensiones de agua y regresar a zonas utilizadas anteriormente.
Para nosotros, mar abierto puede parecer un paisaje prácticamente uniforme. Para una ballena contiene señales que pueden ayudarla a orientarse.
El libro de Job declara:
“¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos?”
(Job 38:25)
La naturaleza contiene caminos que nuestros sentidos muchas veces no pueden reconocer.

Las jorobadas también presentan métodos especializados para capturar alimento. Uno de los más conocidos es la llamada alimentación mediante redes de burbujas, observada especialmente en determinadas poblaciones.
Una o varias ballenas nadan alrededor o debajo de grupos de peces mientras liberan burbujas que contribuyen a concentrar las presas. Después ascienden con la boca abierta y capturan grandes cantidades de alimento.
Su anatomía está especialmente preparada para este proceso. Las ballenas jorobadas no poseen dientes, sino barbas formadas principalmente por queratina que cuelgan del maxilar superior. Después de introducir agua y alimento en la boca, expulsan el agua mientras las barbas ayudan a retener peces y pequeños organismos.
En algunos grupos, esta forma de alimentación puede incluir coordinación entre varios individuos, haciendo aún más interesante un comportamiento que combina anatomía especializada con aprendizaje.

Otro aspecto notable de la vida de estos animales es el vínculo entre madre y cría. Después de una gestación cercana a un año, la hembra normalmente da a luz un solo ballenato, que desde sus primeros momentos depende de ella para alimentarse y mantenerse protegido.
La leche materna posee un elevado contenido energético que permite sostener el rápido crecimiento de la cría. Durante los meses siguientes, el ballenato permanece estrechamente asociado con su madre mientras desarrolla fuerza, coordinación y experiencia.
Esta relación adquiere particular importancia cuando ambos comienzan el desplazamiento hacia las zonas de alimentación. El joven deberá recorrer grandes distancias y adaptarse progresivamente a las exigencias de la vida independiente.
El desarrollo del ballenato implica mucho más que crecer físicamente. La convivencia con su madre le proporciona oportunidades para adquirir conductas relacionadas con el desplazamiento, la alimentación y la interacción con otros individuos.
Como ocurre con muchos mamíferos, parte del comportamiento no depende exclusivamente de respuestas innatas. El aprendizaje y la experiencia también desempeñan funciones importantes.
Una nueva ballena entra así en un ambiente gigantesco acompañada durante una etapa decisiva por un adulto experimentado. La supervivencia depende tanto de las capacidades de su organismo como del tiempo necesario para desarrollarlas y aprender a utilizarlas.
Aunque las ballenas viven permanentemente en el agua, conservan las características fundamentales de los mamíferos. Respiran mediante pulmones, amamantan a sus crías y regulan internamente su temperatura corporal.
Esta condición impone desafíos particulares. Pueden permanecer sumergidas durante períodos considerables, pero necesariamente deben volver a la superficie para obtener oxígeno. Su organismo necesita conservar calor en aguas frías, administrar las reservas de oxígeno durante cada inmersión y movilizar un cuerpo gigantesco utilizando eficientemente la energía disponible.
Todo esto requiere una estrecha coordinación entre los sistemas respiratorio, circulatorio, muscular y nervioso.
Durante gran parte de la historia humana solamente pudimos observar una pequeña fracción de la existencia de las ballenas. Las veíamos aparecer brevemente en la superficie sin conocer las rutas que seguían ni comprender los sonidos que producían.
El desarrollo de hidrófonos, transmisores satelitales, estudios genéticos y técnicas de fotoidentificación transformó nuestra comprensión. Actualmente es posible seguir algunos de sus desplazamientos, reconocer individuos mediante las marcas particulares de sus colas y registrar vocalizaciones que ocurren lejos de nuestra presencia.
Cada avance ha permitido descubrir aspectos que antes permanecían escondidos y, al mismo tiempo, ha generado nuevas preguntas sobre su orientación, aprendizaje y comportamiento social.
La ballena jorobada reúne en un mismo organismo adaptaciones para respirar, sumergirse, conservar calor, desplazarse eficientemente y obtener alimento. A estas características físicas se añaden conductas complejas relacionadas con el canto, la migración, el aprendizaje y la crianza.
La Biblia no intenta explicar los mecanismos fisiológicos que permiten una inmersión ni las propiedades acústicas de los cantos. Tampoco describe cómo una ballena encuentra su ruta durante una migración. El estudio de estos procesos corresponde a la biología marina, la fisiología, la acústica y otras disciplinas científicas.
Las Escrituras dirigen nuestra atención hacia otra cuestión: qué nos revela la existencia de un mundo natural tan vasto y complejo.
“¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.”
(Salmo 104:24)
Mientras gran parte de la humanidad desarrolla su vida sobre los continentes, las ballenas jorobadas continúan recorriendo mares que cubren la mayor parte de nuestro planeta. Allí encuentran alimento, se reproducen, cuidan a sus crías y producen cantos cuya complejidad apenas hemos comenzado a estudiar.
Estos gigantes nos recuerdan que todavía conocemos solamente una parte de las maravillas que nos rodean. La inmensidad del mar esconde sistemas de vida cuya organización desafía nuestra imaginación y amplía constantemente nuestro conocimiento.
Desde la perspectiva bíblica, cada descubrimiento ofrece también una oportunidad para contemplar con mayor profundidad la obra del Creador. La ballena jorobada, con sus largos viajes, sus cantos y el cuidado de sus crías, constituye una magnífica expresión del orden, la diversidad y la sabiduría presentes en la creación.
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