03. Una tecnología capaz de administrar el acceso económico

Por el Dr. Elio M Rivera

El dinero moderno depende de decisiones invisibles

        Cuando una persona entrega monedas o billetes, la operación suele realizarse directamente entre comprador y vendedor.

        Pero en la economía digital intervienen numerosos sistemas.

El banco.

La plataforma de pago.

El procesador de la tarjeta.

El comercio.

Los sistemas antifraude.

Las normas regulatorias.

La identidad del usuario.

        En pocos segundos, diferentes programas evalúan si la operación debe aprobarse o rechazarse.

        La inteligencia artificial puede participar en este proceso analizando:

El comportamiento habitual.

La ubicación.

El monto.

El historial.

El dispositivo utilizado.

La posibilidad de fraude.

La capacidad de pago.

El riesgo financiero.

La inteligencia artificial ya participa en las finanzas

        La inteligencia artificial ya se emplea en instituciones financieras para analizar riesgos, detectar operaciones sospechosas, evaluar créditos, automatizar procesos y fortalecer la supervisión.

        El Banco de Pagos Internacionales ha señalado que la inteligencia artificial está transformando la infraestructura financiera, el análisis de datos y la supervisión de los sistemas de pagos. También advierte que su uso puede introducir riesgos por opacidad, errores, concentración tecnológica y decisiones semejantes tomadas simultáneamente por numerosos participantes.

        La Unión Europea también clasifica como de alto riesgo ciertos sistemas de inteligencia artificial utilizados para determinar el acceso a servicios esenciales, como la evaluación crediticia que podría impedir a una persona obtener un préstamo.

        Esto demuestra algo importante:

La inteligencia artificial no solamente puede describir la conducta económica; también puede influir sobre quién recibe acceso a determinados servicios.

De detectar fraude a clasificar personas

        Utilizar inteligencia artificial para detectar una tarjeta robada puede ser beneficioso.

        Pero el mismo principio técnico podría extenderse a otros criterios.

        Un sistema podría clasificar a una persona como:

Confiable.

Sospechosa.

Autorizada.

Restringida.

De alto riesgo.

No elegible.

        La decisión podría tomarse en segundos, antes de que un ser humano revisara el caso.

        Si los sistemas de identidad, banca, impuestos, movilidad y seguridad estuvieran conectados, una restricción podría extenderse rápidamente a diferentes áreas de la vida.

        La persona podría descubrir que una sola clasificación afecta:

Su cuenta.

Su tarjeta.

Su préstamo.

Su negocio.

Su capacidad para recibir pagos.

Su acceso a determinados servicios.

Una orden aplicada automáticamente

        Los gobernantes antiguos podían emitir decretos.

        El problema era aplicarlos en cada aldea, mercado y camino.

        Un sistema digital puede aplicar una orden de manera automática.

        No necesita colocar a un soldado en cada tienda.

        No necesita enviar a un inspector a cada mercado.

        Bastaría con modificar las condiciones de autorización del sistema.

        Cuando una persona intentara pagar, recibir dinero o realizar una operación, el sistema podría responder:

Aprobado.

O:

Rechazado.

La relación con “comprar o vender”

        Apocalipsis declara:

“Y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.”

(Apocalipsis 13:17, RVR1960).

        Juan no explica el mecanismo administrativo utilizado para impedir las operaciones.

        No afirma que será una tarjeta, una moneda digital, un implante, una base biométrica o una inteligencia artificial.

        La esencia de la profecía no es tecnológica.

        Es espiritual y política.

        La actividad económica estará vinculada con la aceptación de una autoridad rebelde contra Dios.

        Sin embargo, para imponer esa condición a grandes poblaciones se necesitará un sistema capaz de:

Identificar al individuo.

Comprobar su autorización.

Examinar cada operación.

Aprobarla o rechazarla.

Aplicar las mismas reglas en diferentes lugares.

        La inteligencia artificial podría facilitar la administración de un sistema semejante.

        No sería necesariamente la marca.

        No sería la bestia.

        No sería el poder espiritual detrás de la rebelión.

        Sería una herramienta capaz de aplicar decisiones a una escala inmensa.

El sistema no tendría que ser perfecto

        A veces imaginamos que un sistema mundial tendría que controlar absolutamente cada moneda y cada intercambio clandestino.

        Apocalipsis no obliga a concluir que ninguna operación secreta podría ocurrir.

        El texto describe una prohibición general y poderosa.

        Un sistema no necesita ser infalible para dominar la vida económica.

        Bastaría con controlar:

Los bancos principales.

Las plataformas de pago.

El comercio formal.

El empleo.

Los impuestos.

Los servicios esenciales.

Las grandes cadenas de suministro.

        Una persona excluida de esos sistemas podría quedar en una situación de enorme vulnerabilidad, aunque todavía existieran operaciones ocultas o mercados clandestinos.

La inteligencia artificial tampoco sería neutral en sus errores

        Los sistemas automatizados pueden equivocarse.

        Pueden rechazar a una persona inocente.

        Pueden reproducir prejuicios presentes en los datos.

        Pueden producir decisiones difíciles de explicar.

        Y cuando un sistema alcanza una escala enorme, un error deja de afectar solamente a una persona.

        Puede repetirse miles o millones de veces.

        Por eso, incluso las sociedades que promueven la inteligencia artificial reconocen la necesidad de mantener responsabilidad humana, transparencia y mecanismos de revisión.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.