Por el Dr. Elio M Rivera
Un cambio que transformó la historia
Durante la mayor parte de la historia humana, las economías funcionaban de manera casi independiente unas de otras.
En tiempos bíblicos, cada ciudad tenía su propio mercado.
Cada reino acuñaba su propia moneda.
Los sistemas comerciales eran limitados.
Las noticias tardaban semanas o meses en viajar.
Un conflicto en Egipto apenas afectaba a Persia.
Una crisis en Roma podía pasar desapercibida en la India.
El comercio existía, pero el mundo no funcionaba como un solo sistema económico.
La situación comenzó a cambiar lentamente durante los grandes descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI. Las rutas marítimas conectaron continentes enteros, surgieron grandes compañías comerciales y Europa inició un intercambio permanente con Asia, África y América.
Sin embargo, la verdadera transformación ocurrió mucho después.
La Revolución Industrial cambió las reglas
A finales del siglo XVIII comenzó la Revolución Industrial.
Las fábricas sustituyeron gran parte del trabajo artesanal.
La producción aumentó de manera extraordinaria.
Los ferrocarriles aceleraron el transporte.
Los barcos de vapor unieron continentes.
Posteriormente aparecieron el telégrafo y el teléfono.
Por primera vez, una decisión económica tomada en un país podía afectar rápidamente a otro.
El comercio dejó de ser principalmente regional.
Comenzó a convertirse en internacional.
La economía mundial empezaba a conectarse.
El nacimiento de las grandes finanzas internacionales
Durante el siglo XIX también crecieron los grandes bancos internacionales.
El crédito comenzó a cruzar fronteras.
Las inversiones ya no permanecían únicamente dentro de un país.
Las bolsas de valores adquirieron una influencia nunca antes vista.
Los gobiernos comenzaron a depender cada vez más de préstamos, mercados internacionales y sistemas financieros compartidos.
Todavía no existía una economía mundial completamente integrada.
Pero la dirección ya estaba marcada.
Cada década aumentaba la interdependencia.
El siglo XX aceleró el proceso
Las dos guerras mundiales demostraron que la economía ya no podía entenderse únicamente desde una perspectiva nacional.
Después de la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevas instituciones internacionales destinadas a estabilizar la economía mundial.
El Fondo Monetario Internacional.
El Banco Mundial.
Posteriormente el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), que décadas después daría origen a la Organización Mundial del Comercio.
El comercio internacional comenzó a crecer como nunca antes.
La economía mundial empezó a parecerse más a una red que a países completamente independientes.
Hace dos mil años, cuando el apóstol Juan escribió el Apocalipsis, habría parecido imposible imaginar una economía mundial suficientemente integrada como para influir sobre todas las naciones.
Hoy esa posibilidad ya no resulta extraña.
Todavía existen monedas nacionales.
Todavía existen gobiernos independientes.
Pero la economía del mundo nunca había estado tan conectada como ahora.
Y esa transformación constituye uno de los cambios históricos más importantes de nuestra época.
Libro recomendado

