Dr. Elio M Rivera
Las profecías contra Edom no se cumplieron en un solo acontecimiento.
Al igual que ocurrió con Tiro, el juicio anunciado por los profetas se desarrolló a lo largo de varios años mediante una serie de acontecimientos históricos que transformaron por completo el destino de la nación.

La conquista de Edom
El primer golpe importante llegó con la expansión del Imperio Babilónico.
Después de destruir Jerusalén en el año 586 a.C., Nabucodonosor continuó consolidando su dominio sobre las naciones vecinas. Edom, que había aprovechado la desgracia de Judá para obtener ventajas políticas y territoriales, tampoco escapó al avance del ejército babilónico.
Aunque las fuentes históricas conservan menos detalles sobre esta campaña que sobre la conquista de Jerusalén, existen suficientes indicios para afirmar que Edom quedó sometido al dominio de Babilonia durante el siglo VI a.C.
Sin embargo, aquel no sería el golpe definitivo.
Con el paso del tiempo apareció un nuevo pueblo procedente del desierto de Arabia: los nabateos.
Expertos comerciantes y hábiles organizadores de caravanas, los nabateos comenzaron a ocupar gradualmente el territorio que había pertenecido a Edom. Poco a poco controlaron las principales rutas comerciales y establecieron su centro de poder en la ciudad de Petra, que con el tiempo llegaría a convertirse en una de las ciudades más impresionantes del mundo antiguo.
Los edomitas fueron desplazados hacia el oeste, estableciéndose principalmente en la región situada al sur de Judea, conocida posteriormente como Idumea.
Este desplazamiento marcó un cambio decisivo.
Edom ya no controlaba su territorio ancestral.
Había perdido las fortalezas montañosas en las que durante siglos había depositado su confianza.
También había perdido el dominio de las rutas comerciales que sustentaban su economía.
La nación comenzó entonces un lento proceso de desaparición.
Durante el período persa y, posteriormente, bajo el dominio griego, los edomitas dejaron de desempeñar un papel importante en la política del Cercano Oriente. Su identidad nacional fue debilitándose progresivamente hasta quedar absorbidos por otros pueblos de la región.
En la época del Nuevo Testamento todavía encontramos una referencia a sus descendientes.
Herodes el Grande, el rey que gobernaba Judea cuando nació Jesucristo, pertenecía a una familia de origen idumeo, es decir, descendiente de los antiguos edomitas.
Sin embargo, para ese momento Edom ya no existía como reino independiente. Su territorio tradicional estaba en manos de otros pueblos y su identidad nacional prácticamente había desaparecido.
Después del siglo I d.C., las referencias a los edomitas desaparecen de la historia.
No volvemos a encontrar un reino de Edom.
No reaparece un pueblo identificado con ese nombre.
La nación que durante siglos había confiado en la seguridad de sus montañas terminó desapareciendo del escenario histórico.
Así comenzó a cumplirse el anuncio de los profetas.
El orgullo fue abatido.
Las fortalezas perdieron su importancia.
El reino desapareció.
Y la nación que pensaba que nadie podría derribarla dejó de existir como pueblo independiente.
En el siguiente apartado compararemos estas profecías con el registro histórico para analizar hasta qué punto los acontecimientos corresponden con lo anunciado por Abdías, Jeremías, Isaías y Ezequiel.
Referencias
Fuentes bíblicas
- Abdías 1–21.
- Jeremías 49:7–22.
- Ezequiel 25:12–14.
- Ezequiel 35:1–15.
Fuentes históricas
- Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos.
- Estrabón, Geografía.
- Diodoro Sículo, Biblioteca histórica.
Bibliografía moderna
- John Bartlett, Edom and the Edomites.
- Kenneth A. Kitchen, On the Reliability of the Old Testament.
- John Bright, A History of Israel.
- Bezalel Porten y Ada Yardeni, Textbook of Aramaic Documents from Ancient Egypt.
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