2. Saludos, besos y señales de respeto

Significado del saludo y los besos en la Biblia

Por el Dr. Elio M Rivera

En el mundo antiguo, los saludos no eran simples formalidades rápidas como muchas veces sucede hoy. En tiempos de Jesucristo, la manera en que una persona saludaba podía expresar honra, afecto, humildad, amistad, sometimiento o incluso reconocimiento espiritual. Los gestos externos tenían un profundo significado cultural y emocional dentro de la sociedad judía.

  Uno de los saludos más comunes era el beso en la mejilla o sobre la mano, especialmente entre familiares, amigos cercanos, discípulos y maestros. Este gesto simbolizaba respeto, paz y cercanía. No era visto como algo extraño o inapropiado, sino como una expresión de honra y aceptación.

  La Escritura muestra múltiples ejemplos de esta costumbre. Cuando el padre del hijo pródigo vio regresar a su hijo, la Biblia dice:

  “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
  — Lucas 15:20

  Aquel beso representaba restauración, perdón y amor. Era la señal de que el hijo volvía a ser recibido dentro de la familia.

  También el apóstol Pablo menciona este tipo de saludo dentro de la iglesia primitiva:

  “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.”
  — Romanos 16:16

  La palabra “ósculo” significa beso. Pablo estaba hablando de un saludo sincero, puro y lleno de amor fraternal entre creyentes.

  En muchas ocasiones, besar a alguien también implicaba reconocer autoridad o mostrar reverencia. Por ejemplo, cuando Samuel ungió a Saúl como rey de Israel:

  “Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó.”
  — 1 Samuel 10:1

  Aquel beso representaba reconocimiento y honra delante de Dios y del pueblo.

  Precisamente por eso la traición de Judas resultó tan impactante y dolorosa. Judas tomó uno de los gestos más nobles y afectuosos de aquella cultura y lo convirtió en la señal para entregar al Maestro.

  La noche del arresto de Jesús, Judas llegó acompañado de soldados y líderes religiosos. Pero para identificar a Cristo en medio de la oscuridad y la multitud, utilizó un beso.

  “El que yo besare, ése es; prendedle.”
  — Mateo 26:48

  La escena debió haber sido profundamente dolorosa. Judas se acercó aparentando honra y cercanía mientras escondía traición en su corazón.

  “Y enseguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.”
  — Mateo 26:49

  El beso que normalmente representaba amor y fidelidad se convirtió en un símbolo de engaño. Aquellas manos que habían visto milagros, aquellos labios que habían escuchado las enseñanzas de Cristo y aquel hombre que caminó junto al Mesías durante años, utilizó un gesto de amistad para entregarlo a la muerte.

  La respuesta de Jesucristo revela todavía más la profundidad del momento.

  “Entonces Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes?”
  — Mateo 26:50

  Jesús sabía perfectamente lo que Judas estaba haciendo. Sin embargo, aun en medio de la traición, lo llamó “amigo”. Esa escena revela tanto la maldad del corazón humano como la inmensidad de la misericordia de Cristo.

  En tiempos bíblicos, los saludos, abrazos y besos tenían un significado mucho más profundo que una simple costumbre social. Eran expresiones visibles de relación, honra y lealtad. Por eso la traición de Judas quedó grabada en la historia como una de las imágenes más dolorosas del Evangelio: un acto externo de amor ocultando una decisión interna de traición.

  Todavía hoy las personas pueden usar palabras amables, gestos de respeto o apariencias religiosas mientras su corazón permanece lejos de Dios. Jesucristo mismo dijo:

  “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.”
  — Mateo 15:8

  Aquella noche en Getsemaní, el beso de Judas dejó una lección que atravesaría los siglos: no todo gesto de honra nace de un corazón sincero. Pero también reveló algo glorioso: que aun sabiendo quién lo traicionaría, Jesucristo siguió amando hasta el final.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.