47. Todavía intercede por los suyos    

Por: Dr. Elio M Rivera

Una de las cosas más impresionantes acerca de Jesucristo es que Su obra no terminó en la cruz ni terminó con la resurrección. Los Evangelios y el resto del Nuevo Testamento muestran algo profundamente conmovedor: Jesús todavía intercede por los suyos.

    Eso significa que Cristo no solo vino, murió y resucitó para luego desentenderse de la humanidad. Según las Escrituras, continúa actuando a favor de aquellos que le pertenecen.

    Esa verdad resulta profundamente poderosa, especialmente cuando entendemos cuán frágil puede ser el ser humano. Los discípulos mismos lo demostraron constantemente. Fallaban, dudaban, tenían miedo y tropezaban repetidamente. Y aun así, Jesús no dejó de amarlos ni de sostenerlos.

    Antes de la crucifixión ocurrió una escena profundamente reveladora. Jesús le dijo a Pedro: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti” (Lucas 22:31-32).

    Aquellas palabras son impresionantes.

    Jesús sabía que Pedro estaba a punto de fallar gravemente. Sabía que lo negaría públicamente. Y aun así no lo rechazó de antemano. Más bien intercedió por él.

    Eso revela algo profundamente hermoso acerca del corazón de Cristo. Él no ama a los suyos ignorando sus debilidades. Los conoce completamente… y aun así permanece cercano.

    Pedro efectivamente cayó aquella noche. Lleno de miedo, negó conocer a Jesús tres veces. Humanamente, parecía el fracaso definitivo de un discípulo. Pero el hecho de que Cristo hubiera intercedido por él cambió completamente la historia.

    Pedro no terminó destruido para siempre. Fue restaurado.

    Y quizá ahí comenzamos a entender una de las dimensiones más profundas de la intercesión de Cristo. No se trata simplemente de palabras religiosas. Significa que Jesús continúa actuando a favor de aquellos que son Suyos aun en medio de sus luchas y debilidades.

    El libro de Hebreos declara algo profundamente poderoso acerca de Él: “Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

    Viviendo siempre para interceder.

    Eso significa que la obra de Cristo no quedó congelada en el pasado. El Nuevo Testamento presenta a Jesús vivo, reinando y actuando continuamente como intercesor delante del Padre.

    Y quizá esto resulta todavía más impactante cuando entendemos lo que significa interceder. Interceder implica colocarse a favor de alguien, representarlo y defender su causa.

    Eso quiere decir que los creyentes no enfrentan solos sus luchas. Cristo mismo continúa obrando a favor de ellos.

    El apóstol Pablo escribió también: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

    Eso cambia profundamente la manera de entender la relación con Jesús.

    Porque entonces ya no estamos hablando solamente de admirar a un personaje histórico distante. Estamos hablando de alguien vivo que continúa involucrándose en favor de Su pueblo.

    Y quizá ahí se encuentra una de las cosas más conmovedoras acerca del carácter de Jesucristo. Él sabía perfectamente quienes serían Sus seguidores. Sabía sus luchas futuras, sus momentos de debilidad y su proceso de maduración.

    Y aun así decidió permanecer como intercesor a favor de ellos.

    Eso revela una profundidad de amor impresionante. Porque muchas veces el amor humano se agota cuando las personas hacen cosas que no nos gustan repetidamente. Nos cansamos fácilmente de las debilidades ajenas. Pero Cristo continúa mostrando paciencia y misericordia.

    El apóstol Juan escribió algo profundamente esperanzador: “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

    Abogado.

    Esa palabra transmite la idea de alguien que se pone al lado de otro para ayudarlo y representarlo.

    Eso no significa que Jesús apruebe el pecado o la rebeldía. Significa que Su amor y Su obra redentora continúan alcanzando a personas que todavía necesitan gracia y favor hasta que alcancen su estatura.  

    Y quizá eso explica por qué tantos creyentes a lo largo de la historia han encontrado esperanza aun en medio de las luchas más fuertes. Porque el Evangelio no presenta a Cristo como alguien distante observando desde lejos. Lo presenta como un Salvador vivo que todavía intercede por los suyos.

    Eso significa que el mismo Jesús que lloró con los quebrantados, restauró a Pedro y tuvo paciencia con Sus discípulos… continúa mostrando hoy ese mismo corazón.

    Tal vez por eso esta verdad resulta tan poderosa: la historia de Cristo no terminó en la tumba ni terminó después de ascender al cielo. Según las Escrituras, Él sigue vivo, sigue reinando y todavía intercede por aquellos que le pertenecen.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.