9. ¿Qué nos dice esto acerca de Dios?

Po el Dr. Elio M Rivera

Después de estudiar la vida de Ciro, analizar las profecías de Isaías y compararlas con la evidencia histórica y arqueológica, la pregunta más importante ya no es quién fue el fundador del Imperio Persa. La verdadera pregunta es mucho más profunda: ¿qué nos revela esta historia acerca de Dios?

Hasta ahora hemos visto cómo Dios anunció con anticipación la caída de Nínive y el fin del Imperio Babilónico. Ambas profecías son extraordinarias y demuestran que el Señor gobierna sobre las naciones y dirige el curso de la historia. Sin embargo, la profecía sobre Ciro nos lleva un paso más allá. Ya no se trata únicamente del destino de un imperio o de la caída de una gran ciudad. Se trata de una persona.

Mucho antes de que Ciro naciera, Dios ya conocía su nombre. Antes de que sus padres lo vieran por primera vez, Dios ya había hablado de él. Antes de que aprendiera a caminar, Dios ya sabía dónde reinaría. Antes de que Persia se convirtiera en una potencia mundial, Dios ya había anunciado que aquel hombre conquistaría Babilonia. Antes de que Jerusalén fuera destruida, Dios ya sabía que sería Ciro quien permitiría el regreso de los cautivos. Antes de que el templo quedara reducido a ruinas, Dios ya había revelado quién autorizaría su reconstrucción.

Todo esto fue escrito aproximadamente ciento cincuenta años antes de que Ciro naciera.

Deténgase por un momento y piense en lo extraordinario de este hecho.

Los historiadores escriben acerca de los grandes personajes después de que cambian el curso de la historia. Primero ocurren los acontecimientos y después aparecen los libros que los narran. Así ha funcionado siempre la historia humana.

La Biblia hace exactamente lo contrario.

Primero escribe el nombre.

Después ocurre la historia.

Esa diferencia es enorme.

No estamos hablando de una predicción general acerca de un futuro conquistador. Isaías no dijo simplemente que algún día un rey del oriente derrotaría a Babilonia. Escribió un nombre específico. Describió la misión de ese hombre. Anunció las victorias que obtendría, el imperio que conquistaría, la ciudad que permitiría reconstruir y el pueblo que pondría en libertad.

Todo antes de que existiera.

La explicación más sencilla sería pensar en una coincidencia. Sin embargo, conforme avanzamos en este capítulo, esa explicación resulta cada vez más difícil de sostener. No encontramos una sola coincidencia aislada. Encontramos una cadena de detalles extraordinariamente precisos: el nombre de Ciro, su ascenso al poder, la conquista de Babilonia, las puertas abiertas, el papel del río Éufrates, la liberación de los cautivos, la reconstrucción de Jerusalén y el inicio de las obras del templo.

Cada una de estas piezas encaja en un mismo cuadro profético.

La pregunta, entonces, deja de ser si la profecía fue sorprendente.

La verdadera pregunta es otra.

¿Cómo pudo Isaías escribir el nombre de un rey que todavía no existía?

Para quienes creemos en la inspiración divina de las Escrituras, la respuesta es clara. El Dios de la Biblia no está limitado por el tiempo. Él contempla la historia completa. Lo que para nosotros pertenece al futuro, para Él ya forma parte de Su conocimiento perfecto. Él no necesita adivinar lo que ocurrirá, porque es el Señor de la historia y todas las épocas están delante de Sus ojos.

Pero esta profecía también nos enseña algo profundamente personal.

El Dios que conocía el nombre de Ciro antes de que naciera es el mismo Dios que conoce a cada ser humano. Ninguna vida es anónima para Él. Ningún nacimiento ocurre por sorpresa. Ningún gobernante, ninguna nación y ninguna persona escapan a Su conocimiento. El Señor conoce nuestra existencia desde antes de que demos el primer paso y sabe perfectamente cómo Su propósito puede desarrollarse en medio de la historia.

Quizá esa sea la enseñanza más conmovedora de este capítulo. La profecía sobre Ciro no fue escrita para engrandecer a un rey persa. Fue escrita para engrandecer al Dios que conoce a las personas antes de que el mundo llegue a conocerlas.

Al cerrar estas páginas, probablemente el lector ya no recuerde todos los nombres de los historiadores, ni todas las fechas, ni cada documento arqueológico mencionado. Pero ojalá permanezca una sola pregunta resonando en su mente:

El profeta Isaías

¿Cómo pudo Isaías escribir el nombre de un rey que todavía no existía?

Si esa pregunta permanece unos instantes en el corazón del lector, entonces esta profecía habrá cumplido su propósito. No llamar la atención hacia Ciro, sino dirigir nuestra mirada hacia el Dios que conoce el fin desde el principio y que, mucho antes de que la historia escribiera el nombre de un hombre, ya lo había escrito en las páginas de Su Palabra.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.