Por el: Dr. Elio M Rivera
Cuando seguir al Mesías les costó todo
En el capítulo anterior vimos algunas de las declaraciones que los discípulos hicieron acerca de Jesús. Observamos cómo hombres que caminaron cerca de Él terminaron convencidos de que no estaban simplemente frente a un maestro extraordinario, sino delante del Mesías prometido.
Pero ahora surge otra pregunta profundamente importante.
¿Qué ocurrió después de que hicieron esas declaraciones?
Porque una cosa es afirmar algo cuando todo marcha bien.
Y otra muy distinta es sostenerlo cuando hacerlo trae sufrimiento, rechazo y persecución.
La realidad es que seguir a Jesús no convirtió a los discípulos en hombres poderosos, ricos o socialmente admirados. Más bien ocurrió lo contrario. Sus declaraciones acerca de Cristo les costaron muchísimo.
Los discípulos fueron perseguidos por las autoridades religiosas. Fueron arrestados, golpeados, amenazados y tratados como hombres peligrosos por proclamar que Jesús era el Mesías y que había resucitado.
El libro de los Hechos relata que Pedro y Juan fueron arrestados por predicar acerca de Jesús. Los líderes religiosos les ordenaron que dejaran de hablar en Su nombre. Pero ellos respondieron: “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20).
Aquellas palabras revelan algo profundamente importante.
Los discípulos no hablaban de Jesús como quien repite simplemente una teoría religiosa heredada. Ellos estaban convencidos de que habían visto algo que cambió completamente sus vidas.
Y aun cuando aquello comenzó a traerles problemas, no retrocedieron.
En otra ocasión, los apóstoles fueron nuevamente arrestados, azotados y amenazados para que dejaran de enseñar acerca de Cristo. Sin embargo, Hechos 5:41-42 dice: “Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días… no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo”.
Eso resulta extraordinario cuando uno lo piensa detenidamente.
Porque normalmente las personas retroceden cuando una idea comienza a costarles demasiado. Pero los discípulos continuaron proclamando públicamente aquello que creían acerca de Jesús aun cuando eso los convertía en marginados y perseguidos.
Con el tiempo, muchos de ellos fueron rechazados por sectores de su propia sociedad. Para numerosos líderes religiosos, los seguidores de Jesús eran considerados una amenaza, herejes o engañadores. Algunos perdieron seguridad, estabilidad y reconocimiento social por mantenerse identificados con Cristo.
Y conforme el cristianismo comenzó a expandirse fuera de Jerusalén, la persecución también aumentó.
Pablo escribió acerca de prisiones, azotes, peligros y sufrimientos constantes (2 Corintios 11:23-27). Pedro animaba a los creyentes que estaban siendo perseguidos por causa de su fe. Juan terminó exiliado en la isla de Patmos. Esteban fue apedreado después de proclamar públicamente su fe en Jesús (Hechos 7:54-60).
La historia temprana del cristianismo está profundamente marcada por hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a soportar rechazo y sufrimiento por mantenerse firmes en lo que afirmaban acerca de Cristo.
Y quizá aquí aparece uno de los puntos más reflexivos de toda esta discusión.
Los discípulos no obtuvieron fama, comodidad ni poder político inmediato por seguir a Jesús.
Más bien, sus declaraciones les trajeron dificultades enormes.
Fueron perseguidos.
Fueron humillados.
Fueron tratados como parias por muchos sectores de la sociedad.
Y varios de ellos estuvieron dispuestos incluso a enfrentar la muerte antes que negar lo que creían acerca de Jesús.
Por supuesto, eso no obliga automáticamente a una persona a creer. A lo largo de la historia muchas personas han sufrido por distintas causas e ideologías. Pero el caso de los discípulos sigue provocando una reflexión importante.
Porque resulta difícil imaginar que un grupo entero estuviera dispuesto a soportar persecución constante por algo que sabían conscientemente que era falso.
Especialmente cuando ellos afirmaban haber convivido personalmente con Jesús.
Y quizá precisamente ahí se encuentra una de las razones por las cuales el mensaje de Cristo siguió expandiéndose aun bajo persecución.
Porque los primeros discípulos parecían convencidos de que habían encontrado algo más valioso que su propia comodidad, reputación e incluso su seguridad personal.
Creían que Jesús realmente era quien decía ser.
Y estuvieron dispuestos a pagar un precio extremadamente alto por sostener esa declaración.
