14. Promesas que millones aseguran seguir experimentando – Parte I

Oraciones contestadas

Por el: Dr. Elio M rivera

    A lo largo de esta serie hemos hablado acerca de las profecías relacionadas con el Mesías, de las declaraciones que Jesús hizo acerca de Sí mismo y de las razones por las cuales millones de personas llegaron a creer que Él era mucho más que un maestro religioso. Pero ahora llegamos a otro aspecto profundamente interesante de Su persona: las promesas que, según incontables creyentes alrededor del mundo, continúan experimentándose hasta hoy.

    Y quizá una de las más sorprendentes de todas tiene que ver con la oración.

    Porque Jesús hizo declaraciones extremadamente atrevidas acerca de responder oraciones hechas en Su nombre.

    Él dijo: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13).

    También declaró: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14).

    Cuando uno se detiene realmente a pensar en estas palabras, resultan enormes.

    Porque Jesús no estaba hablando simplemente de enseñar principios morales o dejar una filosofía de vida. Estaba afirmando que continuaría actuando y respondiendo incluso después de Su partida.

    Y eso es algo extraordinariamente difícil de ignorar.

    A lo largo de la historia han existido muchísimos líderes religiosos, filósofos y maestros espirituales. Pero Jesús hizo una promesa profundamente personal: aseguró que personas alrededor del mundo podrían acercarse a Dios en Su nombre y experimentar respuestas reales.

    Y lo impresionante es que millones de personas aseguran que eso sigue ocurriendo hasta hoy.

    Personas de distintas culturas, idiomas y generaciones afirman haber experimentado dirección, provisión, paz, ayuda, transformación interior y respuestas inesperadas después de orar a Dios en el nombre de Jesucristo.

    Por supuesto, no todas las oraciones son respondidas de la manera exacta o inmediata que las personas esperan. Y la misma Biblia habla de esto. Jesús nunca prometió convertirse en una especie de herramienta para cumplir caprichos humanos. Las Escrituras conectan la oración con una relación real con Dios, con obediencia y con la voluntad divina.

    Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).

    El apóstol Juan escribió también: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

    Eso significa que la oración bíblica no se presenta como magia ni como manipulación espiritual. Más bien, aparece como una relación donde Dios responde conforme a Su voluntad, Su tiempo y Su propósito.

    Y quizá ahí se encuentra uno de los aspectos más profundos de esta promesa.

    Porque millones de personas aseguran no solamente haber recibido cosas materiales o soluciones rápidas. Muchos afirman haber encontrado algo todavía más importante: paz en medio del dolor, dirección cuando estaban perdidos, fuerza en momentos de debilidad y una sensación real de que Dios escucha.

    Y eso resulta profundamente interesante.

    Porque esta promesa de Jesús sigue abierta hasta hoy.

    No quedó limitada únicamente a los discípulos del primer siglo. Tampoco depende de vivir en determinado país o pertenecer a cierto nivel social. Según las palabras de Cristo, cualquier persona puede acercarse a Dios en Su nombre.

    Claro, cada persona es libre de decidir qué hacer con estas afirmaciones. Algunos creen que todo se reduce a emociones o coincidencias. Otros consideran que detrás de estas experiencias existe algo real y profundo.

    Pero quizá precisamente ahí aparece uno de los aspectos más honestos de la invitación de Jesús.

    Porque Él no llamó simplemente a las personas a discutir teorías.

    También las invitó a acercarse y comprobar.

    “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

    Y tal vez esa es una de las razones por las cuales, después de dos mil años, millones de personas continúan orando en el nombre de Jesucristo.

    Porque están convencidas de que, de alguna manera, Él sigue escuchando.

    En cierto sentido, comprobar las declaraciones de Jesús no es algo imposible de explorar. Él mismo invitó a las personas a acercarse, pedir y buscar. Por eso, una persona podría decidir orar sinceramente en el nombre de Jesucristo —bajo las condiciones que mencionamos hace un momento: conforme a la voluntad de Dios, con paciencia y permitiendo que Él responda a Su manera y en Su tiempo— y entonces evaluar honestamente el resultado.

    Porque si Jesús realmente no tiene autoridad ni poder para escuchar y responder, entonces Sus promesas serían vacías y Él no sería el Mesías que afirmó ser.

    Pero si verdaderamente responde… entonces la pregunta acerca de Su identidad se vuelve mucho más profunda y personal.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.