3. El Reino de Cristo

Por el. Dr. Elio M Rivera

  Desde el comienzo de las Escrituras hasta sus últimas páginas, existe una verdad que aparece una y otra vez: Dios nunca abandonó Su propósito original para la humanidad. Aunque el pecado introdujo dolor, sufrimiento, muerte y separación, el plan divino siempre apuntó hacia la restauración completa de todo lo que fue perdido en el Edén. Por esa razón, cuando hablamos del reino de Cristo, no estamos hablando simplemente de un gobierno futuro ni de un acontecimiento profético aislado. Estamos hablando de la culminación del plan de redención que Dios comenzó a revelar desde los primeros capítulos de Génesis.

  El reino de Cristo representa la victoria definitiva de Dios sobre el pecado, la muerte y las consecuencias de la caída. Representa el momento cuando todo aquello que fue dañado será restaurado, cuando la justicia reemplazará a la corrupción, cuando la paz sustituirá a la violencia y cuando la humanidad volverá a disfrutar de la comunión con Dios que una vez tuvo en el principio.

El reino que Adán perdió

  Cuando Dios creó a Adán y Eva, los colocó en un mundo perfecto. No existía enfermedad, sufrimiento, muerte, violencia ni corrupción. La creación reflejaba perfectamente la sabiduría y la bondad de su Creador. El hombre y la mujer disfrutaban de una relación íntima con Dios y habían recibido autoridad para administrar la creación bajo Su gobierno.

Génesis 1:26-28

  Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla; y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

  El Edén era mucho más que un jardín hermoso. Era una manifestación visible del gobierno de Dios sobre la tierra. Allí existía armonía entre Dios y el hombre, entre el hombre y la mujer, e incluso entre la humanidad y la creación. Todo funcionaba según el diseño perfecto del Creador.

  Sin embargo, cuando Adán y Eva decidieron rebelarse contra Dios, el pecado entró en el mundo y aquella armonía fue destruida. La muerte apareció por primera vez. El sufrimiento comenzó a formar parte de la experiencia humana. La tierra misma fue afectada por la maldición y la relación entre Dios y el hombre quedó profundamente dañada.

Romanos 5:12

  Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

  Desde aquel momento, la historia de la humanidad se convirtió en una larga sucesión de dolor, conflictos, guerras, injusticias y sufrimiento. Sin embargo, Dios no abandonó Su propósito original. Desde el mismo Edén comenzó a revelar Su plan para restaurar lo que había sido perdido.

El Rey prometido desde la antigüedad

  Siglos después de la caída, Dios anunció que enviaría un Rey diferente a todos los demás gobernantes de la historia. No sería simplemente un líder humano ni un monarca temporal. Sería el Mesías prometido, el Hijo de Dios que establecería un reino eterno.

Lucas 1:32-33

  Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

  Estas palabras distinguen el reino de Cristo de todos los demás reinos que han existido. Los imperios más poderosos del mundo terminaron desapareciendo. Egipto perdió su grandeza. Babilonia cayó. Grecia fue conquistada. Roma se derrumbó. Civilizaciones enteras que parecían invencibles terminaron convirtiéndose en capítulos de los libros de historia.

  El reino de Jesucristo será diferente porque no depende de la fuerza militar, de la economía, de la política ni del poder humano. Su reino está fundamentado en la autoridad eterna de Dios. Ninguna revolución podrá derrocarlo. Ninguna nación podrá destruirlo. Ningún gobernante podrá reemplazarlo.

  Su reino jamás tendrá fin.

Un reino de justicia perfecta

  Uno de los mayores anhelos de la humanidad es vivir bajo un gobierno completamente justo. A lo largo de la historia, las personas han experimentado corrupción, abuso de poder, violencia, desigualdad e injusticias de toda clase. Incluso los mejores sistemas humanos han demostrado ser incapaces de producir una justicia perfecta.

  Las Escrituras describen el reino del Mesías de una manera completamente distinta.

Isaías 9:6-7

  Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

  Observe las palabras utilizadas por el profeta: imperio, paz, juicio y justicia. Son precisamente las cosas que más escasean en nuestro mundo. Bajo el gobierno de Cristo no existirá corrupción. Ninguna mentira prosperará. Ningún inocente será condenado injustamente. Ningún culpable escapará de la verdad. El gobierno del Mesías reflejará perfectamente el carácter santo, justo y recto de Dios.

  La justicia que los seres humanos han buscado durante milenios encontrará finalmente su expresión perfecta bajo el gobierno de Jesucristo.

La creación será restaurada

  La restauración prometida por Dios no se limita únicamente al ser humano. El pecado afectó toda la creación. La tierra, los animales y el orden natural fueron alcanzados por las consecuencias de la caída.

  Por eso el apóstol Pablo explica que la creación misma espera el cumplimiento del plan de Dios.

Romanos 8:19-21

  Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

  La creación actualmente gime bajo el peso de la corrupción introducida por el pecado. Desastres naturales, enfermedad, deterioro y muerte son recordatorios constantes de que vivimos en un mundo afectado por la caída. Sin embargo, las Escrituras enseñan que llegará el día cuando la creación misma participará de la restauración que Dios ha preparado.

  El reino de Cristo traerá una renovación tan profunda que alcanzará todo aquello que fue afectado por el pecado.

La muerte será derrotada para siempre

  Quizá ninguna consecuencia de la caída ha causado más dolor que la muerte. Desde el día en que Adán pecó, cada generación ha experimentado la pérdida de seres queridos. Cada tumba es un recordatorio de que vivimos en un mundo que no funciona como Dios originalmente lo diseñó.

  Pero el reino de Cristo culminará con la derrota definitiva de la muerte.

1 Corintios 15:25-26

  Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

  La muerte entró al mundo por causa del pecado, pero no permanecerá para siempre. Jesucristo ya demostró Su autoridad sobre ella cuando resucitó al tercer día. En el cumplimiento pleno de Su reino, la muerte será eliminada definitivamente y dejará de tener dominio sobre la humanidad.

Dios volverá a habitar con Su pueblo

  La pérdida más grande causada por el pecado no fue la expulsión del jardín ni las dificultades de la vida. La pérdida más profunda fue la separación entre Dios y el hombre. Adán y Eva disfrutaban de una comunión directa con su Creador. Caminaban en Su presencia y vivían bajo Su favor.

  El reino de Cristo restaurará precisamente aquello que se perdió en el Edén.

Apocalipsis 21:3-4

  Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

  Estas palabras constituyen una de las promesas más hermosas de toda la Biblia. La historia termina donde comenzó: Dios habitando con Su pueblo. Lo que fue perdido por la desobediencia de Adán será restaurado por la obediencia perfecta de Jesucristo.

  Ya no habrá lágrimas, porque no habrá dolor. Ya no habrá muerte, porque el pecado habrá sido derrotado. Ya no habrá separación, porque Dios mismo habitará con Su pueblo para siempre.

Toda la creación reconocerá al Rey

  Actualmente muchas personas rechazan a Jesucristo o ignoran Su autoridad. Sin embargo, llegará el día cuando toda la creación reconocerá quién es realmente.

Filipenses 2:9-11

  Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

  Aquello que hoy muchos cuestionan será evidente para todos. Los reyes, los gobernantes, las naciones y toda la creación reconocerán la autoridad suprema del Hijo de Dios. Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

El reino que nunca terminará

  Desde Génesis hasta Apocalipsis existe una sola historia de redención. Dios creó un reino perfecto. El pecado lo dañó. La humanidad quedó separada de su Creador. Pero Jesucristo vino para rescatar lo que se había perdido y restaurar todas las cosas.

  Por eso, cuando hablamos del reino de Cristo, no estamos hablando simplemente de un gobierno futuro. Estamos hablando de la restauración del propósito original de Dios para la humanidad. Estamos hablando del día cuando la justicia reemplazará a la corrupción, cuando la vida vencerá a la muerte y cuando Dios volverá a habitar con Su pueblo.

  El reino que comenzó como una promesa en el Edén alcanzará finalmente su glorioso cumplimiento en Jesucristo. Entonces todo lo que fue destruido por el pecado será restaurado, y el Rey de reyes gobernará para siempre sobre una creación renovada, perfecta y llena de Su gloria.

  Y su reino no tendrá fin.

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Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.