12.Mujeres, niños y vulnerables en el mundo romano

El niño que no fue levantado

    La habitación permanecía en silencio.

    Solo se escuchaba el llanto débil del recién nacido envuelto en telas mientras una lámpara de aceite iluminaba tenuemente las paredes de la casa. La madre seguía recostada, agotada después del parto, intentando incorporarse apenas lo suficiente para mirar hacia la entrada. Sus manos todavía temblaban. Su respiración era corta. Y en el fondo de su pecho, el miedo comenzaba a crecer lentamente.

    Porque todavía faltaba lo más importante.

    La decisión del padre.

    Un siervo tomó cuidadosamente al pequeño y caminó hacia el centro de la habitación. Muy cerca, varios familiares observaban en silencio absoluto. Nadie hablaba. Nadie se movía demasiado. El ambiente entero parecía suspendido esperando un solo gesto.

    El padre finalmente entró.

    Sus pasos resonaron lentamente sobre el suelo mientras avanzaba hasta quedar delante del niño. El recién nacido seguía llorando suavemente, moviendo apenas sus pequeñas manos entre las telas. Durante unos segundos, el hombre lo observó sin decir nada.

    La madre contuvo la respiración.

    Porque en aquellos días, muchas veces el destino de un hijo dependía de ese momento.

    Si el padre levantaba al niño en sus brazos, significaba aceptación. El pequeño viviría dentro de la familia. Pero si daba media vuelta y se alejaba…

    La suerte del niño quedaba sellada.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

    El hombre observó unos segundos más al recién nacido. Luego giró lentamente la espalda y caminó hacia la salida sin pronunciar una sola palabra.

    La madre sintió que el corazón se le quebraba dentro del pecho.

    Porque todos entendieron inmediatamente lo que significaba aquel silencio.

    El niño no sería aceptado.

    Muy entrada la noche, un siervo salió de la casa llevando al pequeño envuelto todavía entre las telas del nacimiento. Las calles permanecían oscuras y frías mientras avanzaba hacia uno de los lugares donde muchas veces eran abandonados los niños no deseados. Algunos morían durante la noche. Otros eran recogidos para terminar vendidos como esclavos años después. Algunos simplemente desaparecían sin que nadie volviera a saber de ellos.

    Hoy, una escena así puede parecer impensable, en el mundo romano el padre tenía una autoridad enorme sobre la familia. Bajo el sistema conocido como patria potestas, el padre de familia poseía poder casi absoluto dentro del hogar. En muchos casos podía decidir asuntos relacionados con matrimonio, propiedades, castigos e incluso la aceptación o rechazo de un recién nacido.

    Los niños no siempre eran vistos como personas valiosas por sí mismas. Si nacían con discapacidades, deformidades o simplemente no eran deseados, algunos terminaban abandonados. Las niñas corrían todavía más riesgo, especialmente entre familias pobres que temían no poder sostenerlas económicamente. Muchos bebés eran dejados fuera de ciudades, en caminos o en lugares apartados donde quedaban expuestos al frío, al hambre o a animales salvajes.

    Las mujeres también vivían bajo fuertes limitaciones sociales. Aunque algunas pertenecientes a familias ricas podían ejercer cierta influencia, la mayoría dependía completamente de la autoridad masculina: primero del padre, luego del esposo. Muchas tenían poco control sobre decisiones importantes de su propia vida. Algunas eran entregadas en matrimonio siendo todavía muy jóvenes. Otras sufrían abusos, abandono o eran tratadas principalmente como herramientas para producir herederos.

    Y quizá una de las cosas más duras era que muchos vulnerables crecían sintiendo que su valor dependía únicamente de su utilidad.

    Ese era el mundo donde Jesucristo apareció.

    Y quizá por eso los Evangelios resultan tan impactantes cuando muestran a Jesús acercándose precisamente a quienes muchos ignoraban. Cristo hablaba con mujeres públicamente. Bendecía niños. Tocaba enfermos. Mostraba compasión por viudas y rechazados. En un mundo donde muchos vulnerables eran tratados como cargas, Jesús comenzó a devolverles dignidad delante de todos.

    Roma muchas veces valoraba la fuerza, el honor y la utilidad.

    Cristo comenzó a mostrar el valor de cada vida humana.

    Y en medio de una sociedad acostumbrada al abandono, Su compasión comenzó a verse completamente diferente al resto del mundo.

También queremos compartirle música con propósito.


Aunque esta canción no está relacionada directamente con el tema de este artículo, creemos que puede ser de bendición para su vida y acompañarle en un momento de reflexión, oración o descanso.

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Email

Autor

Elio Rivera

El Dr. Elio M. Rivera es médico, pastor, escritor y fundador del Museo La Vida y Obra de Jesucristo, de la casa hogar Manantial de Amor y Comunidad Cristiana Mana. Ha viajado extensamente por Israel estudiando los lugares históricos relacionados con la vida de Jesucristo. Además de su labor ministerial y humanitaria, también es hombre de negocios, autor de más de 60 libros.